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Aprender: La letra con vaselina…entra

En una época donde maestros, padres de familia y alumnos viven una terrible incertidumbre frente a la enorme cantidad y dudosa calidad de las actuales ofertas pedagógicas que intentan intervenir sobre el aprendizaje, me resulta inevitable atreverme a pensar y responder: ¿qué implica aprender? Así pues, en su forma más básica, el aprendizaje es un fenómeno biológico, ya que en las células nerviosas existe la capacidad de cambiar la cantidad de neurotransmisores, que sintetizan como respuesta a cambios experimentados en el medio ambiente del organismo. Todo aprendizaje involucra entonces, un cambio neuroplástico. Esto significa que grandes áreas del cerebro humano interaccionan entre sí, con el propósito de incorporar información en nuestros sistemas de memoria, procesos de inducción y deducción, codificación de categorías, formación de imágenes mentales y relaciones del aprendizaje con otros aspectos del ser humano como la emoción y la motivación. Cambios cuantitativos al nivel neuronal (billones de neuronas en interacción) producen cambios cualitativos al nivel psicológico. Para explicar esta idea metafóricamente, pongamos el siguiente ejemplo: un incremento de temperatura de 10 grados en un recipiente con agua a presión atmosférica normal es diferente si el cambio es de 35 a 45 grados o si es de 95 a 105. En el primer caso, el agua continúa siendo líquido y por tanto, el cambio es puramente cuantitativo. En el segundo caso, el agua se convierte al estado gaseoso. Existe entonces, un cambio cuantitativo y cualitativo. Esta idea podría aplicar bien al cerebro humano: aquello que es biológico se convierte en psicológico cuando un gran número de neuronas establecen comunicación entre ellas. La cantidad como hecho biológico se vuelve cualidad como hecho psicológico.

Finalmente el aprendizaje es un fenómeno social. Esto implica que las personas interaccionamos unas con otras para transmitirnos información directamente o en forma virtual a través de algún dispositivo natural, como el lenguaje o tecnológico como el libro. Ya que dispositivos tecnológicos permanecen más allá del tiempo de vida de un ser humano, el aprendizaje se convierte en un fenómeno histórico-social. De esta forma Sócrates todavía enseña (virtualmente) a individuos del siglo XXI. Así, todo conocimiento es mediado por factores externos al aprendiz (como un maestro o una computadora) y por factores externamente adquiridos pero internalizados a través de un largo proceso de socialización como es el lenguaje. La mente humana en sus manifestaciones más sublimes de aprendizaje, en las palabras de Aristóteles o en las esculturas de Miguel Ángel, siempre llevan impresas las condiciones heredadas de un ámbito social e histórico. El aprendizaje es un complejo fenómeno bio-psico-social, del cual aún no poseemos todas las respuestas, pero como decía el filósofo Santayana: "El conocimiento es un saludo no un abrazo… es el reconocimiento de algo ausente".

Twitter: @HectorCerezoH