Psi y que

Sólo para hombres

Es indiscutible el axioma de la equidad de género, la igualdad de oportunidades y la necesidad de que los hombres participemos más y desarrollemos una verdadera corresponsabilidad en las actividades domésticas, amorosas, reproductivas y de crianza, y además adoptemos posturas libres de sexismo. También es cierto que el contexto sociocultural de corte patriarcal, sin duda nos privilegia a los hombres como colectivo. Sin embargo, la distribución rígida de roles y expectativas en función del sexo y género, tiene también severas consecuencias emocionales para los hombres. Los privilegios cuestan caros y en el campo de los afectos, todo lo que ganamos en poder lo pagamos en represión emocional.

La expresión emocional, el amor, los vínculos de pareja, la comunicación entre hombres y la experiencia paterna son algunos de los fenómenos que nos tienen “atrapados y confundidos” y que no se pueden reducir en “tips” que las mujeres puedan aplicar a su respectivo “Cavernícola”, para comprendernos exclusivamente sobre la base de afirmaciones neurobiológicas, que si bien son ciertas al demostrar que el cerebro femenino tiene sustanciales diferencias anatómicas y fisiológicas respecto a nosotros, no resuelven el problema de la comprensión fenomenológica de la masculinidad y tampoco profundizan en el papel de la crianza familiar, la construcción sociocultural del género, la importancia de nuestras experiencias de aprendizaje temprano y las herramientas emocionales que los hombres desarrollamos.

La falacia: “Todos los hombres son iguales, sólo necesitan sexo” contamina la interacción entre sexos y géneros. La masculinidad y la feminidad no existen, son más bien invenciones de carácter fenomenológico y sociocultural. Los hombres no nos asumimos como tales, dado que externalizamos al mundo, nos percibimos como ajenos y apartados, y adicionalmente, me parece que algunas mujeres acostumbradas a obtener su capital relacional y material por su mera anatomía, realizan un excelente trabajo al hacernos olvidar que como hombres somos seres sensibles y capaces de funcionar en una amplísima escala emocional y en las más extraordinarias dimensiones relacionales.

La capacidad de expresión emocional y de empatía en los hombres es limitada, ya que consistentemente ha sido reprimida desde la niñez, con mandatos que niegan y distorsionan nuestra masculinidad e increíblemente nos orientan sobre cómo resolver los asuntos de la vida cotidiana. Valga señalar algunos ejemplos. Los hombres mueren un promedio siete años antes que las mujeres. Los niños, por otra parte también sufren accidentes con mayor frecuencia que las niñas. En cuanto al suicidio, los hombres logran concretarlo en una proporción tres veces superior a la de las mujeres que lo intentan e incluso cuando se construye la ideación suicida, se disponen a morir “como un hombre” utilizando para ello, la autodestrucción por los métodos más letales.

Si bien se registra la presencia de varones sensibles, democráticos y solidarios que no se avergüenzan de expresar sus sentimientos ni se adhieren a la ética perversa del logro, sabemos que esto aún no configura un fenómeno general.

Twitter: @HectorCerezoH