Psi y que

'Paparazzis' del ego

La postmodernidad ha viralizado y legitimado a las selfies como la muestra "ad hoc" del hedonismo efímero, el individualismo, la sustitución del intelecto por la estética, la superficialidad, la belleza sin contenido y la insinuación perversa de obtener un capital relacional y material a través de la mera anatomía.Los selfies representan la negación de la experiencia única, fenomenológica y humana de ser mirados en vivo por el otro y quizás la dieta de una frágil autoestima que ahora depende del número de "Likes" que es capaz de generar una simple imagen.

Las selfies denotan una vía de consolidación de la identidad e indicadores de autoestima y de aprobación del grupo de pares, ya que al mostrarse sutil y eróticamente el cuerpo, la intención no es sólo estética sino narcisista. Es suficiente echar un vistazo a las redes sociales para constatar una competencia a ultranza de poses, vestuarios, miradas, rostros, senos, nalgas y piernas en los más diversos contextos; desde los sanitarios hasta la alcoba. Asistimos a una muestra inédita del ansia de éxito e individualidad mediante una imagen pasajera e inmediata en la que paradójicamente la intimidad ahora se concibe como una forma de exhibición.

Ya no toleramos nada que dure. Ya no sabemos cómo hacer para lograr que el aburrimiento dé fruto y por ello, la promoción mercadológica del "Yo" a través de las selfies demuestra la preocupación, el interés propio y la búsqueda de la felicidad a costa de otros, y no con los otros. Así, las selfies son más que un inocente apapacho ególatra, la semiótica que subyace a su compulsión es la inoculación de la "urgencia" de invertir en tu imagen, no en tu mente ni en tu "ethos", la tendencia a cambiar tu vida hoy mismo usando el cuerpo y las apariencias como divisa de intercambio de la sociedad de consumo. "Lígate a quién desees", "Si no tienes el cuerpo que quieres es porque te pones pretextos", "Vamos al Gym", "Levanta suspiros, no lástima"; todos ellos son publicaciones proyectivas verdaderamente pulsionales y efímeras que les hacen pasar de un deseo al otro, buscando experiencias sensoriales cada vez más enriquecedoras y demandantes que jamás les satisfacen.

El sujeto "selfie" busca la felicidad, no se conforma con poco, y no sabe que por tanto, no lo encontrará con nada. Sujetos completamente autogámicos que saltaron del voyeurismo al autovoyeurismo, convertidos en sus propios paparazzis, actuando como audiencia, observadores y protagonistas de una vida digital llena de forma, pero carente de fondo y que disfrutan gozosos de dosis de aspirinas de felicidad ante el cáncer de la postmodernidad más ramplona. Las selfies no se restringen al salto de lo privado a lo público, indica también la necesidad de aprobación, del fomento estratégico de la envidia y de una falacia que comprueba que el orgullo y la vanidad son las formas más estúpidas y seductoras de destruirse. Lamento arruinarte la poesía y destruir también tu fantasía, pero las selfies son simples fotos que no están basadas en quién eres, sino en quién pareces o deseas aparentar y que la necesidad de exponer y proteger el ego no conoce límites. Recuerda que el narcisismo no es amor por el yo real, sino "por el yo ideal adornado por el infantil, con todas las perfecciones y que el espejo refleja tu realidad", es por eso que siempre miente.

Twitter: @HectorCerezoH