Psi y que

Loqueros e im-pacientes

¿A quién acudes cuando tienes algún problema emocional? ¿A tus amigos o pareja? ¿A libros de autoayuda? ¿A las redes sociales? ¿A un sacerdote? ¿A un coach, por ser más "rápido" y efectivo? Rápidos para usurpar y efectivos para consumar un engaño mutuo ¿a un "entrenamiento" de vida? Tus amistades reales o virtuales, coaches, entrenadores, "pastores" o parejas, cuán confidentes sean, probablemente te escucharán y aconsejarán…pero desde sus propias carencias, demonios y fantasmas. Hoy, la mayoría de las personas no quieren saber acerca de su síntoma; prefieren que les digan qué hacer. Por ello, el "éxito" de tan abundantes figuras y dispositivos del desarrollo in-humano y explica también, la infinita "diarrea verbal" que los sujetos construyen para no asistir a psicoterapia.

Como afirma Quintana (2017), la ideología dominante del triunfo y del "pensamiento positivo", resultan muy peligrosas, agresivas y poco compasivas (...) Ante el hecho habitual de que las cosas no salgan como queremos, tendemos a culparnos a nosotros mismos, y la angustia vital se ensancha. Las enfermedades del "yo" tienen en el pensamiento positivo su explicación. Así, las personas se asumen "generadores" de todo cuanto les sucede, pues su "negatividad" las ha bloqueado (Roitman, 2016).

Cada vez que una persona acude a psicoterapia, un saber florece. Saber aceptar, reflexionar, razonar o pedir ayuda, resulta tan complejo como llegar a reconocerse uno mismo. Hace varios años, una paciente me decía que envidiaba nuestro trabajo como psicoterapeutas, dado que sentado en la silla del psicólogo: "uno puede vivir muchas vidas". Con franqueza, no quise arruinarle la poesía, y callé que, la mayoría de las veces, la gente que se sienta frente a un terapeuta está viviendo dolor, sufrimiento, o cuando menos, una existencia pletórica de disonancias. Y que justamente, en la mayoría de los casos, la terapia termina cuando empiezan a vivir algo digno de ser vivido.

¿Por qué un psicoterapeuta? Porque quizás, como planteaba Jung (1960): "Solo el médico herido es capaz de curar". Porque la psicoterapia no "cura" en sentido estricto, y menos aún promete la felicidad, pero definitivamente quién asiste, deja de hacerse "pendejo" -como decía un paciente- y eso ya es bastante. Porque a diferencia de toda la peste de usurpadores de la insalubridad mental, nosotros -los psicoterapeutas- escuchamos de modo empático sin fortalecer el síntoma, simplificar los eventos o juzgar acciones, decisiones y consecuencias. Porque el psicólogo no aconseja; aplica estrategias clínicas con base empírica. Porque lo traumático no es solo el evento, sino la forma en como cada persona lo interpreta y dicha singularidad es reveladora. Porque cuando afirmas que la psicoterapia es "cara", en realidad depende de qué tan apegado a tu festín de síntomas estés.

No te preguntaré si crees necesitar de psicoterapia, te preguntaré más bien ¿crees merecerla? La psicoterapia no es para enfermos ni para locos, sino para todo aquel que desee cuidar de sí mismo. Cuenta tus penurias a tus cercanos o impostores, para que se hagan un bucle, un chisme o para que te ataquen. Como siempre, tú decides.

Twitter: @HectorCerezoH