Psi y que

Ingenua-mente

Hoy no nos importa que la juventud suponga que Francisco I. Madero son dos personas, que crean que la "Revolución" es una banal estación de la línea 2 del Metro en la Ciudad de México o asuman fervorosos que Fidel Castro fue sólo un "brutal dictador" y no un personaje político que comprendió que el poder no podía estar atado a las reglas de la democracia representativa, ni a los complicados y peligrosos reflujos del capitalismo moderno. Hoy, lo que interesa es que los jóvenes tengan un título universitario y hayan sido bien adiestrados para competir en el mercado laboral y esperen sin protestar, ser sorteados en las bolsas de empleo de Procter and Gamble, General Electric o Pan Bimbo.

Así, el capitalismo tiene como signo distintivo la creación artificial de escasez y no la promoción de la mayor prosperidad posible hacia sus habitantes. Hay un nuevo concepto de riqueza completamente diferente a la lógica del capital del siglo XIX, el cual se centraba en el férreo control del productor. Actualmente, la disciplina de la producción fue sustituida por el control del consumo y la manipulación del consumidor. La mayoría de la población no acude al cine cuando desea ver una película, asiste al cine los miércoles de promoción 2x1. Jamás he visto pelear a una pareja al finalizar la quincena por asistir al cine un lunes a las 6 de la tarde. La industria capitalista nos dicta que tenemos que consumir, cómo consumirlo y con qué frecuencia consumir. En este sentido, la explotación no tan solo se genera en nuestras horas de trabajo riguroso como "factor humano"; el capitalismo cognitivo extiende su poder de explotar a las personas aun cuando ellas se encuentren en sus horas de ocio.

Ante semejante escenario no se considera prioritaria la ciencia, la deliberación, la reflexión ética o el pensamiento crítico, pero sí las "destrezas" de inteligencia emocional y la motivación para la obediencia (coaching). Aunque, paradójicamente desde la perspectiva kantiana, para que el ser humano viva una vida digna, uno de los requisitos indispensables es que nadie nos utilice como un vil instrumento, sino como fines en sí mismos. Si acercáramos un poco nuestros oídos a la cotidianidad capitalista, escucharíamos un anestésico mensaje en forma de supositorio mental: "La realidad no es buena, tampoco es mala, simplemente es. Tu única tarea es aceptarla. Ahórrate el esfuerzo de comprenderla y transformarla". El resultado de semejante despolitización; sujetos frívolos e ingenuos que consideran que los problemas no son estructurales, sino individuales. Después de todo, "Si lo crees, lo creas" ¿No es obvia la tautología?

La vida humana en el contexto del capitalismo salvaje confirma que la democracia y bienestar de unos se convertirá invariablemente en la dictadura y miseria de otros. La vida se vuelve un simple negocio; muy al estilo de aquel ex presidente -el gran "filósofo" con botas- quién afirmó contundente que todo mundo podía dejar de ser un estorbo emergente de la pobreza y auto-emprenderse en las esquinas con un changarro. En fin, vivimos una época donde la gente decente camina perpleja y los canallas envalentonados.

Twitter: @HectorCerezoH