Psi y que

Infierno a la mexicana

México, un país profundamente destrozado gracias a las reformas estructurales, que de "estructurales" no tienen nada, porque las estructuras siguen siendo las mismas. Lo único que está cambiando son las relaciones de propiedad. El mexicano, ese ignorante que le tiene más confianza a los horóscopos que a la ciencia. El mexicano, siempre tan lejos del mundo, de los demás y de sí mismo. Herbert Marcuse (1964) en "El hombre unidimensional", ya planteaba que sólo quien no entiende lo que está pasando puede estar satisfecho y conforme con los beneficios del sistema. Por ello, es tan necesaria una Psicología Crítica que nos lleve a vivir, vivir bien y vivir mejor, anhelo que desde la modernidad temprana, el filósofo Spinoza intuyó como primera exigencia ontológica; la necesidad de preservarnos. Sin embargo, la preservación humana no es individual, sino social -¡Sorpresa para los neoliberales!- El ser humano se preserva mediante el trabajo y esa relación exige la cooperación y no la competición.

¿Qué vería hoy Spinoza? Una condición humana reducida al "Homo economicus", a un verdadero "idiota" en el sentido clásico griego; aquel que sólo piensa en sí mismo- cuya existencia gira alrededor de la maximización de su patrimonio, del tener y del aparentar. Es bien conocida la relación entre desempleo, capitalismo salvaje y ciertas condiciones mentales como la esquizofrenia, la depresión y el suicidio (Nordt, Warnke, Seifritz y Kawohl, 2015). Así nuestra sociedad produce esquizos, depresivos y suicidas del mismo modo que produce jabones, con la única diferencia de que los primeros no pueden venderse. La combinación de un estado ausente, inmerso en la corrupción, un mercado ególatra y una sociedad apática y catatónica, son signos nada prometedores, pues instalan una cultura de miedo que paraliza nuestra mente.

Los políticos, separados de la gente y envilecidos por el poder, negocian la compra-venta del espacio público y el futuro de nuestros bienes comunes. Corruptos, retrógradas y decadentes que deambulan envueltos en su delirio cleptocrático desde sus helicópteros o mansiones de lujo. El ciudadano común y su reducido mundo psicológico que no rebasa las fronteras trazadas por los centros comerciales, las redes sociales, los estadios de futbol y las pantallas de sus dispositivos móviles.

El mercado en complicidad con los consumidores actuales han llevado a la perfección el abnegado arte de producir lo tóxico que no sea nocivo; café sin cafeína, nata sin grasa, una relación amorosa sin peleas, antropomorfización de animales; perrhijos o cerveza sin alcohol (Zizek, 2015). Es decir, un modelo del "otro", justo en la medida que lo podamos soportar. El infierno siempre son los otros, diría Jean Paul Sartre. Cada vez creo menos en esta frase, cada día observo más infiernos compartidos, el otro es eso otro, pero cuando se le ve como espejo o espejismo, las relaciones se vuelven un tormento. Frente al otro con pasión y com-pasión...

Twitter: @HectorCerezoH