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Gobernados por Psicópatas

La psicopatía es un trastorno de personalidad que no admite terapia farmacológica o conductual, dado su carácter intratable. Un sujeto psicópata muestra un comportamiento errante, fallas en el juicio de realidad, comportamientos megalómanos, narcicismo invariante, conducta antisocial, encanto superficial y una serie de habilidades sociales que le facilitan mostrarse como alguien simpático y atractivo. El psicópata no tiene la capacidad de sentir emociones, sin embargo aprende a simularlas para usarlas para beneficio propio.

Los psicópatas resultan absolutamente incapaces de empatizar o sentir remordimientos por el daño que llegan a causar a los demás, ellos representan quizás, la personificación de la crueldad, frialdad e insensibilidad emocional hacia lo humano; por ello su perversión ético-moral les incita a transgredir las normas sociales y si bien, distinguir entre lo permitido y lo prohibido, no así lo correcto de lo incorrecto.

Cabe aclarar que, psicópata no es sinónimo de criminal. De hecho miles de psicópatas no son criminales y tampoco muestran una tendencia antisocial o violenta, no obstante su naturaleza parasitaria, ciertos ámbitos sociales como la política, el gobierno y los puestos de representación popular, se convierten en los escenarios propicios para el debut y especialización de tal patología. Lo psicológico es político; es decir, las estructuras psicológicas sanas o enfermas de cualquier funcionario dedicado a la política pública son pilares de su toma de sus decisiones y de su orientación hacia el bien común o el daño masivo.

Cotidianamente, observamos políticos convertidos en mesías, en personajes egocéntricos, omnipotentes, impulsivos, violentos, histriónicos y mitómanos, cuya única obsesión parece ser el poder y la denotación del adversario político profiriendo la mayor cantidad de mentiras y promesas inviables. En México, hay un gobierno psicopatológico, las conductas de la clase política así lo demuestran. Atenco, Apatzingan, Tlatlaya y Ayotzinapa son sólo algunos ejemplos de la personalidad psicópata de los gobernantes. El problema de las políticas de salud mental en México se asocia con la situación que guarda la salud mental de nuestros políticos; no es un problema individual, es un asunto estructural.

Cuando individuos con personalidad psicopática, egocéntrica, sociópata, mitómana y manipuladora ocupan puestos de responsabilidad pública, la gravedad de los efectos está en función directa con la importancia del cargo político. El voto razonado, la demanda de solicitudes de información sobre la salud mental de los políticos y la construcción de una iniciativa ciudadana que evalúe su salud mental y determine su aptitud hacia las responsabilidades públicas, son algunas de las formas en cómo podemos inhibir la presencia de psicópatas.

Twitter: @HectorCerezoH