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Escuela de Profesores

Cualquier mirada seria acerca de la educación debe incluir dimensiones sociopolíticas en sus análisis investigativos. En México hay un gobierno psicopatológico. Atenco, Apatzingan, Tlatlaya, Ayotzinapa y ahora Nochixtlán son "joyas" de la tendencia psicopática de los gobernantes. Los funcionarios federales aprecian un mundo estático de discursos eficientistas, reglas fijas, reformas educativas y evaluaciones punitivas. El mundo real de las aulas es diametralmente opuesto; educadores desgastados, espacios laborales indignos, salarios miserables, concepciones educativas "marketeras" de valores corporativos -no pedagógicos-, secciones sindicales que inundaron de vicios clientelares al sistema educativo y una incesante propaganda mediática que ha convertido a los maestros en los villanos de moda.

A riesgo de parecer trivial, me atrevo a decir que educar implica transitar de una cosmovisión exploratoria hacia ojos ilustrados, críticos y propositivos, de saltar cualitativamente de la "moris" al "ethos", de vivir un mundo injusto sin quejarse; a tener la audacia de imaginar y luchar por escenarios democráticos, de cuestionar la posición de docentes-lacayos al servicio del sistema y convertirse en verdaderos Hermes que median la experiencia humana, del autismo social a la lucha consciente. Los profesores no sólo luchan por "sus causas", lo hacen también por las mías y por las tuyas -aunque aún no lo comprendas- Y si tengo que elegir entre un político o un educador, siempre defenderé al profesor. Porque si los profesores no problematizaran, reflexionaran, ni formaran a sus estudiantes con rigurosidad, exigencia ni compromiso, se convertirían en cómplices de una farsa que tiene precio. El profesor ha comprendido que sus aulas se han convertido en verdaderas jaulas que producen siervos y tiranos y ha comprendido dolorosamente que la "escuela" es ahora el sitio ideal de la razón instrumental donde se hace eco y porra a los conocimientos que pueden ser conectados con la acumulación del capital y que, mientras hablamos en nuestras clases sobre dignidad, ética, justicia social, solidaridad, razonamiento, pedagogía o psicología, el mismo sistema trata a sus profesores sin ninguna consideración y ello no hace más que reforzar su lucha, en la cual muchos profesores seguiremos creyendo y trabajando. A un educador se le puede eximir de muchas cosas pero jamás de su obligación de pensar en el futuro. Ellos lo están haciendo y por ellos y para ellos, dedico con todo mi amor, esta columna.

Twitter: @HectorCerezoH