Psi y que

Dispositivos inteligentes… Usuarios idiotas

Los dispositivos tecnológicos son diversos, el acceso a internet plural y las redes sociales profundamente banales. Los hogares de los nativos digitales ahora son los “muros”de sus redes sociales y el cordón umbilical con la vida real es la conexión virtual con el “chat”. Los secretos e intimidad comunicativa ahora son “inbox”y las demostraciones de afecto ahora son un “toque”. Los intereses, acuerdos, “te quiero” o “me gustas”, ahora equivalen a un simple y ansiado “like”. Ahora, hasta los vínculos “amorosos” no son tales si no se confirman con el cliché colgado en Facebook “en una relación”.

Todo ello, ha tenido un efecto de sobre-estimulación informativa, que nos obliga a plantear un cuestionamiento desafiante: ¿Quién es el “inteligente”? ¿El usuario, los dispositivos de los cuales depende o las redes sociales en las cuales se proyecta? ¿Asistimos a la proliferación de usuarios “idiotas” con personalidades dependientes y disociadas entre el avatar y la persona real?

Los dispositivos tecnológicos son usados como prótesis mentales y asumidos como verdaderos órganos sensoriales. Sin embargo, es probable que el abuso y dependencia mostrada hacia las herramientas tecnológicas y las redes sociales, por parte de usuarios irreflexivos, esté generando un verdadero deterioro de nuestras capacidades cognitivas y que, la transferencia de funciones mentales hacia los dispositivos, represente en realidad una digitalización de nuestras patologías y limitaciones existenciales.

Los nativos digitales de la época post-contemporánea no tienen idea de cómo aprender a besar con la mirada y menos aún de cómo establecer contacto profundo y empático con el otro; permanecen absortos e hilarantes en sus artefactos y no en sus interlocutores. Es sorprendente observar el pánico, ansiedad generalizada y temor infundado que algunos usuarios exhiben cuando han olvidado su artefacto móvil, cuando tienen problemas de cobertura o agotamiento de la batería. En términos de salud mental, resulta preocupante constatar su incapacidad para apagar el celular y la tendencia obsesiva por revisar la presencia de mensajes.

En este sentido, la nueva prisión reside en los dispositivos. Los usuarios son presos de un “goce” que regula su existencia. Cuánta falta les hace a los nativos digitales leer y comprender: “Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj” de Julio Cortázar. Quizás podrían entender que la esclavitud reside en el objeto, el cual quizás es su nuevo y verdadero amo. No es mi intención –aclaro- argumentar un determinismo tecnológico, ni pretendo que mi retórica polarice dramáticamente las sombras de los nativos digitales; simplemente pretendo invitarlos a reflexionar que el mejor regalo que podemos recibir de alguien es ser vistos, tocados y escuchados. El mejor regalo que podemos dar a los otros, es verlos, escucharlos, comprenderlos y tocarlos. Cuanto esto sucede, el contacto genuinamente humano se ha realizado.

Twitter: @HectorCerezoH