Psi y que

Coaching: Certificación en Copy-Paste

A principios del año, el doctor Humberto Maturana, uno de los científicos sociales más importantes del mundo, declaró enfáticamente: "No tengo nada que ver con el coaching". Su evidente molestia denunciaba un pésimo uso de sus trabajos como insumo para el coachismo. Faltó decir que el coaching es un sistema cínico de plagios de teorías, métodos y técnicas psicológicas. Como meretriz preferida del pensamiento empresarial, el coaching delira haber descubierto los "secretos" del desarrollo humano. Sin embargo, basta escuchar a sus especímenes, leer analíticamente sus textos o asistir a sus "entrenamientos" para evidenciar un "saber" remendado al mejor estilo "Frankestein".

Las infinitas variedades de coaching igual integran planteamientos filosóficos socráticos, en particular de la mayéutica, de la filosofía existencialista y fenomenológica alemana, hasta nociones del pensamiento complejo, la teoría sistémica, la biología del conocimiento e incluso recurre a matices psicológicos usados falazmente y provenientes del psicoanálisis, la psicoterapia centrada en el cliente, la psicología humanista, la psicoterapia Gestalt, la logoterapia, los programas de modificación de conducta, la psicoterapia cognitiva, la terapia narrativa, los postulados comunicativos de Bateson y Watzlawick, las tesis constructivistas y hasta la incorporación de nociones del aprendizaje organizacional.

Al coaching le vale un comino distinguir entre producciones propias –que no tiene- y ajenas; y mucho menos reflexionar sobre las implicaciones éticas de sus plagios. No le interesa porque los egos de los coaches viven de la imagen quebradiza y no de la construcción de conocimiento sólidamente integrado, permanente y verdadero, tal y como sí lo hacemos los psicólogos. Como afirma Cerejido (2007), México está sumido en el más desesperante analfabetismo científico, incluido el de Estado. La ciencia es invisible para el analfabeta científico y por ello, la fuente de los "saberes" en el coaching no se rige por normas epistemológicas, ni siquiera por reglas administrativas, sino por intenciones puramente mercantilistas e ideológicas.

El coaching es un verdadero "atajo" para los oportunistas, pues les hace pertenecer al terreno de los profesionales de la salud mental y prostituir servicios técnicos y profesionales gracias a la falta de regulación. Ser coach es un aderezo, un adorno, una selfie con tintes aspiracionales que no sólo se "ve bien" en la hoja de vida del mimetizador, sino que además funciona como la vía para dejar de verse como un vulgartipo sin clase. En palabras de Bourdieu (1999): "Los hijos de la burguesía amenazados de desclasamiento se dirigen prioritariamente hacia las más indeterminadas profesiones y hacia los sectores donde se elaboran las nuevas profesiones".

Dado que el coaching recurre a clichés como intentos persuasivos de sus bondades, yo les recuerdo dos. La primer frase de Epicuro de Samos, quién decía: "¿Quieres ser rico?, pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia". La segunda cita, parafraseando a Wolff, quién afirma contundente: "Robar es malo. Disfrazarlo de revolución es perverso. Creerlo es enfermizo. Defenderlo patético". Usurpación, intrusismo, fundamentalismo y plagio son los verdaderos signos del coaching.

Twitter: @HectorCerezoH