Psi y que

Coaching: ¿Bola de nieve o avalancha?

Anuncios publicitarios como el anterior, abundan en las redes sociales, en la prensa y hasta en panfletos disponibles en la calle. El coaching es una metodología que promete mejorar el bienestar, el rendimiento laboral y personal de los individuos, y ser una herramienta que permite al “sujeto” pensar por sí mismo, liberar su potencial y gestionar sus objetivos. En la mayoría de las conceptualizaciones de coaching se insiste en posicionarlo como un sistema de entrenamiento, que atiende exclusivamente a personas que “no presentan problemas clínicamente significativos de salud mental o malestar psicológico”. La cuestión es que sus “argumentos” en torno a la mente, a la salud mental y al cambio individual y grupal son profundamente obvios, constituyen una ensalada de teorías, métodos y técnicas, además están aderezados con un preocupante tono de fundamentalismo ideológico.

La mayoría de los coaches no tienen formación o entrenamiento psicológico ni pedagógico, jamás han comprendido e intervenido en verdaderos procesos formativos, no cuentan con experiencia laboral, entrenamiento clínico básico o práctica profesional, en instituciones públicas o privadas. Tampoco han sometido a prueba investigativa sus rudimentarias hipótesis mentales y mucho menos han reflexionado sobre las implicaciones éticas de las ideas que defienden con tanta vehemencia.

Nadie hubiera imaginado que una disciplina “bola de nieve”surgida en la década de 1980 en los Estados Unidos de América, que tenía el objetivo de incrementar el rendimiento individual de los deportistas, se convertiría a la postre en una verdadera “avalancha”, que ahora pretende insertarse en todos los campos de la actividad humana. El coaching se ha popularizado mediante talleres, cursos, diplomados, certificaciones “multiniveles”, organizaciones profesionales, bibliografía, servicios de consultoría empresarial, educativa y organizacional, así como diversificado en subtipos y modalidades de coaching usando todas las combinaciones posibles que puedas imaginar con el atractivo anglicismo.

¿En qué momento consultar con un psicólogo resultó algo negativo, mientras que reunirse con un coach se convirtió en una actividad legítima y esnobista del cambio personal? A pesar del enmascaramiento, cuando se habla de coaching se alude invariablemente a la psicología y las diversas ciencias del comportamiento. Sin embargo, la plenitud de la época post contemporánea donde el mandato es sentir y no pensar, promueve la existencia de técnicas que se orientan al logro de objetivos de superación personal, en consolidar un “Pseudo Yo” personal, en imprimir un sello indeleble de individualismo y pragmatismo existencial que obliga a “facilitadores” y participantes a buscar respuestas concretas, y no preguntas críticas a lo largo de la vida.

El coaching tiene límites mucho más amplios de los que declara; no quita neurosis, ni trastornos de personalidad y menos aún conductas simuladoras e improductivas que se han arraigado como estrategias de supervivencia vital. Si te sientes enfermo, vacío o sin un sentido de vida, busca un psicoterapeuta competente, no un coach. La psicoterapia te sacará del hoyo, no abordará sólo tus síntomas y favorecerá la toma de consciencia de tus pensamientos, afectos y conductas, quizás después, si así lo decides, el coach te puede apoyar a encontrar formas de ensuciarte menos en cada caída existencial.

Twitter: @HectorCerezoH