Psi y que

Carta a Freud

Estimado Dr. Freud:

Un día descubrí que escribir enseña a escucharte y desde ese momento, mi adicción al género epistolar fue incondicional y por ello, te escribí esta carta.En alguna etapa de mi trayectoria profesional como Psicólogo tuve un amorío con el Psicoanálisis, aunque jamás fui proclive a respetar dogmáticamente tus mandamientos. Sin embargo, comprendí la magnitud de tu trabajo, sobre todo al imaginar la guerra intelectual que libraste para crear un saber y una práctica que, por un lado colmara tus ambiciones intelectuales y por otro, nos enseñara al resto a descifrar ciertos enigmas de la mente.

Me ha impactado observar como tus fieles acólitos realizan un esfuerzo casi demencial en suponer que la investigación y la enseñanza son sinónimos de terapia a la “diván”. Ha sido divertido combatir las formas -¿o dogmas?- en cómo acallan cualquier voz crítica proveniente de otros enfoques. Empero, acaso no el Psicoanálisis -palabra del Tata...Amén- insiste en ese eslogan que invita a crear las condiciones, para que el sujeto del inconsciente advenga y en ese discurso su deseo sea escuchado de acuerdo a la promesa que tanto pregonan y poco cumplen en la realidad...“Lo escucho”.

Debes saber que hoy, limitar el Psicoanálisis a tu figura es peligroso e irreverente y, quizás demuestra su estacionamiento evolutivo y la increíble similitud entre tus ideas y escritos de finales del siglo IX y los argumentos de los analistas contemporáneos. El psicoanálisis ha supuesto una posibilidad distinta para entender las cosas y no para responsabilizar al mundo de las desdichas. Sin embargo, la posición que tus seguidores asumen ante la crítica, es un buen ejemplo de las típicas histéricas burguesas que atendías y en las que abundaba la asociación libre, el sufrimiento y la queja.

¿Tu determinismo psíquico pudo ser una interpretación simplista de ideas extremadamente sofisticadas y de agudeza incomparable? Si bien, no negaste la posibilidad de la libertad humana, sí la despojaste de todos sus ropajes idealistas y mostraste que la auto-determinación es viable, pero no consideraste las dimensiones sociales de la psique como la resultante de una suma de fuerzas infinitas, y no sólo de carácter inconsciente.

Me inquieta saber si algunos elementos de tu teoría, son más bien proyecciones e intentos de racionalización de tu neurosis, ahora universalizadas y legitimadas por quienes seducidos por tu prosa brillante y figura mítica han construido una de las más complejas formas de sobre interpretación psicológica. Lo cierto, es que tu rebeldía provocó el nacimiento de un saber necesario e hizo que nuestros inconscientes aparecieran como por arte de análisis. Sin duda, abandonaste este mundo con la callada satisfacción de haber cumplido tu sueño más preciado; resolver a tu manera el famoso enigma del atormentado héroe de Sófocles.

Espero visitar el próximo año tu célebre morada en el número 19 de la Berggasse en Viena; lugar al que iré a reiterarte que para ir a Psicoanálisis y en general a Psicoterapia, hay que perderle el miedo a la propia palabra.

Twitter: @HectorCerezoH