Psi y que

Borrachos VIP

México es uno de esos países donde cualquier ciudadano responsable, trabajador y no proclive al consumo de drogas puede morir a causa del alcohol sin haber bebido jamás en su vida. Investigaciones epidemiológicas han dejado clara la relación entre el consumo de alcohol y la alta prevalencia de violencia de género, depresión, suicidio, episodios psicóticos, demencia, accidentes cerebro-vasculares, ausentismo y bajo rendimiento laboral, riñas y homicidios. Se ha considerado que para ser formalmente "alcohólico", el consumo debe generar dependencia. Sin embargo, el comportamiento del bebedor es variado y dicho criterio ha quedado francamente superado. El alcohólico es un egodistónico, vive y percibe un discreto e íntimo malestar por sus peculiares e inmaduras formas de enfrentarse a la realidad, tiene fallas en la autocrítica y, por ello sus mecanismos de defensa predilectos para disminuir su angustia patológica, su dependencia afectiva, su culpa y vergüenza son la negación, evasión, manipulación y fantasía desbordada.

Su perfil psicológico muestra una autoestima lastimada, baja tolerancia a la frustración, incapacidad para aplazar la satisfacción e incompetencia para amar profundamente. "Beber" es solo uno de sus muchos síntomas. El alcoholismo no tiene nada que ver con la "fuerza de voluntad"; es una enfermedad y el proceso de recuperación y sobriedad inicia cuando el enfermo decide hacerse responsable de su condición y tratarse con profesionales. El problema no se resuelve dejando de beber. La mayoría de los pacientes que he tenido oportunidad de escuchar en psicoterapia acuden a justificar su enfermedad con una incomparable diarrea verbal, afirmando que no le "contarán sus cosas" a un desconocido. Me han argumentado que asistir a psicoterapia es un signo de debilidad personal y ellos son "fuertes y felices". Algunos de los más simpáticos pretextos que he escuchado es decir que ellos dejarán de "tomar" cuando se les antoje o que el "mejor" terapeuta es un sacerdote o "Dios". Hay quienes asumen a la psicoterapia como inútil y deciden "desahogarse" con sus amigos, en redes sociales o cada fin de semana aminoran el dolor psíquico intoxicándose hasta perderse en la "briaga" y, al despertar, volverse a encontrar al mismo farsante. A todos ellos les aplaudo y les respondo que lo hacen muy bien, que les creo y que, como excelentes alcohólicos, les toca inventar una razón, una justificación de sus existencias y que además se necesita ser muy inteligente para modificar una existencia miserable por una infelicidad admisible ¿Tú qué dices?

Twitter: @HectorCerezoH