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Amor: tu mundo, mi mundo, nuestro mundo

El amor por el amor representa el fundamentalismo de nuestra época. El amor es la religión después de la religión y para la mayoría, es el artificio que encubre la imposibilidad de la relación entre seres humanos, quizás una máscara, un disimulo que esconde la falta radical del sujeto. La naturaleza misma del amor es la incógnita y la duda, por lo que desear saber que se nos ama y buscar una razón última por la cual amamos, implica no entender suficientemente bien, la idea del amor. Los "deberes y mitos del amor" refuerzan relaciones amorosas neuróticas, en las que se suele ofrecer lo que no se está dispuesto a dar y nuestras creencias irracionales agudizan el dilema entre lo que debe ser y lo que queremos que sea.

La "felicidad" que anhelan las parejas está atravesada por sus concepciones morales y éticas. "Felicidad" puede comprenderse como sabiduría del desapego respecto a los bienes de este mundo, como apaciguamiento o liberación de los deseos. Bajo esta posición reconocemos a los estoicos y, a su modo, a Spinoza y Schopenhauer. La "felicidad" puede también interpretarse como moderación de los deseos con la guía de la razón. Aristóteles propuso la moderación, sobre todo, en el ejercicio de los afectos amorosos, en el horizonte de realización y equilibrio de la vida virtuosa. En cambio, Epicuro defiende la moderación de la satisfacción de los deseos para poder realizar su máxima satisfacción placentera, para lo cual, resulta decisivo el cálculo de las consecuencias. Así también, la "felicidad" puede asumirse como una vida intensa, como vivencia del mayor número posible de experiencias en toda su complejidad, desde la ligereza de espíritu, la audacia y la autenticidad inspirada en Nietzsche.

Habrá otras parejas que actúen en conformidad con un imperativo, con un "deber ser". La moral amorosa para estas parejas radicaría en hacer lo que se impone como obligatorio. Así se considera que las personas como fines, no medios y que una acción es buena o mala en sí misma. Lo cuestionable de esta visión ética en el amor, es que a nivel moral no necesariamente priman las razones, sino el acatamiento ciego de los deberes.

Queja tras queja, fracaso tras fracaso, las personas sostienen relaciones eróticas y amorosas sintiendo que no las aman como desean, y nunca se cuestionan que quizás se relaciona con el hecho de que ellas no se valoran como se debe. El amor nos muestra que todos estamos "rotos", lo interesante es cómo cada quien arma las piezas con las que se queda. Cuando encontramos a una o varias parejas, entonces descubrimos que son precisamente ese vacío que nos recuerda la pieza faltante del rompecabezas que somos. Algunos se esconden del amor y pretenden "no creer" en sus bondades y tragedias, a ellos les recuerdo que puede ser estupendo estar escondidos, pero desastroso no ser encontrados. Unos más eligen no hablar sobre el amor, y por ello valdría la pena reflexionar ¿a qué le da fuerza tu silencio? Yo modestamente asumo que, el amor es la solución más problemática que existe y que el amor es libre; no puede existir en otra atmósfera afectiva. Mis parejas saben perfectamente bien que yo las he querido libres, incluso de mí.

Twitter: @HectorCerezoH