Día con día

El verdadero cáncer de las drogas es la prohibición

La prohibición de las drogas es el origen de las altas rentas del narcotráfico y de las bandas delincuenciales que se matan por ellas.

El cáncer es la prohibición, aunque nunca se mencione en las explicaciones de la violencia que parece crecer sola, por una expansión autónoma del crimen, al cual, se dice, habría que combatir de cualquier modo si la prohibición de las drogas no existiera.

Cierto: llegado al punto que ha alcanzado en México, no hay más que encarar la violencia criminal. Pero esto es lo que venimos haciendo por décadas, con resultado invariable: entre más dura es la persecución, más alta es la violencia.

La espiral de violencia no termina porque la altas rentas del mercado prohibido siguen ahí. La capacidad de ese mercado de generar delincuentes es superior a la capacidad de la autoridad de reprimirlos.

Antes supimos que el anillo criminal de Iguala estaba asociado a un nicho del mercado de la heroína en Estados Unidos. Ahora sabemos que el poder del cártel de Jalisco Nueva Generación viene del auge de las metanfetaminas.

¿De qué tamaño es el riesgo que la expansión del mercado de las drogas plantea para los mexicanos y para el mundo? ¿Por qué hay que pagar en su combate cuotas de violencia y de muerte como las de México y Colombia?

Desde el punto de vista de la salud, las drogas prohibidas son el mal menor, matan menos que el alcohol o el tabaco. Según el informe de la Oficina de Drogas y Crimen de la ONU, en 2013 murieron en todo el mundo 210 mil personas por usar drogas prohibidas, pero 2 millones 300 mil por alcohol y 5 millones 100 mil por tabaco.

En 2014 murieron en México 990 personas por sobredosis de drogas prohibidas, pero poco más de 8 mil por la violencia de las bandas y por la persecución que hace de ellas el gobierno (MILENIO, Día con día, 12/3/15).

La prohibición de las drogas ha creado delincuentes que los prohibidores no tienen capacidad de combatir. Solo suspendiendo la prohibición tendremos algún día posibilidad de controlar la violencia asociada a ella.