Día con día

El verdadero barril sin fondo donde estaba escondido "La Tuta"

Solo dos capos famosos, Ismael El Mayo Zambada y Juan José Esparragoza, El Azul, han escapado a la muerte o a la cárcel desde que el asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena (Guadalajara, 1985) desató la primera gran cacería de narcotraficantes que hubo en México.

Aquella cacería, emprendida bajo presión y asesoría de la DEA, definió el modelo de las siguientes en una espiral delirante de sangre.

La premisa del modelo es que el consumo de drogas de Estados Unidos puede y debe contenerse fuera de Estados Unidos, en las rutas de paso.

Cada vez que México ha metido el acelerador en ese modelo, como hizo el presidente Calderón en 2007, se ha llenado de sangre y de crimen, sin que disminuyeran ni el paso ni el consumo de drogas en Estados Unidos.

México ha capturado o muerto a todas las leyendas del narco que han florecido en su territorio: Miguel Ángel Félix Gallardo, Ernesto Fonseca Carrillo, Rafael Caro Quintero, Amado Carrillo Fuentes, Vicente Carrillo Fuentes, Héctor El Güero Palma, Joaquín El Chapo Guzmán, Juan N. Guerra, Juan García Ábrego, Osiel Cárdenas Guillén, todos los hermanos Arellano Félix, todos los hermanos Beltrán Leyva, todos los jefes de Los Zetas, los jefes de La Familia michoacana, de Los caballeros templarios y ahora Servando Gómez La Tuta.

Ni el flujo ni el consumo de drogas han disminuido, salvo en la mariguana quizá, que ya legalizaron allá invirtiendo el flujo histórico. Ahora nos venden, no nos compran.

Nuestro país en cambio se ha llenado de sangre y de oprobio. En el mismo barril sin fondo donde estaba escondido La Tuta, están escondidos sus sucesores. Es el barril sin fondo de la prohibición de las drogas impuesta por Estados Unidos al mundo, que la DEA coordina en nuestro territorio, para conseguir objetivos que no ha conseguido y mirar a otra parte cuando aparecen las cifras funestas de 100 mil muertos y 22 mil desaparecidos.

¿No sería la hora de tapar este barril sin fondo  poniendo fin a la ilegalidad de las drogas y a su persecución, tan sangrienta como interminable, tan espeluznante como ineficaz?

 

hector.aguilarcamin@milenio.com