Día con día

Usos de la memoria: la cola del perro

Hay este verso clásico: el tiempo pasado y el tiempo presente están los dos, quizá, presentes en el tiempo futuro.

El poder del verso consiste en su carácter a la vez evidente y enigmático. Lo evidente es que el pasado y el presente pueden desembocar en el futuro: una obviedad.

Lo enigmático es que el futuro, que no ha sucedido aún y por definición nos es desconocido, puede otorgar su verdadero sentido a lo ocurrido antes y a lo que nos sucede ahora.

El poder enigmático del verso, pienso, es que otorga al futuro una autonomía, una rotundidad posible. Sugiere, parece sugerir, que todo lo que puede suceder, ha sucedido ya.

Es decir, que el futuro, sin que nosotros podamos advertirlo, podría estar hablando anticipadamente por nosotros.

Hay en esto una resonancia profética: lo que puede suceder sucederá, no importa cuántas vueltas demos antes de llegar.

Tiendo a subrayar el "quizá" del verso. Nuestro pasado y nuestro presente contienen muchos futuros posibles. El antes y el ahora no están contenidos fatalmente en el después, ni el después es la suma fatal del ahora y del antes.

Entre el pasado, el presente y el después se interponen, con soberanía relativa, nuestra memoria y nuestra libertad. Elegimos lo que recordamos tanto como lo que queremos tomar de nuestro presente para construir el futuro.

Nuestra memoria puede ser melancólica y nuestro presente intolerable, pero nuestro futuro puede no ser ni melancólico ni intolerable. No es el espacio absoluto de nuestra fatalidad, sino el espacio relativo de nuestra elección.

Memoria y futuro son como la cabeza y la cola del perro. La cabeza recuerda poco y mal, la cola espera mucho, vivamente. Hay que tomar nota de la esperanza de la cola, más que de las nubes de la cabeza.

En la memoria, todo tiempo pasado fue mejor. En la vida, el mejor tiempo es ahora, porque es el único que hay. Lo que se ha ido parece mayor que lo que se tiene. Pero lo que se tiene no solo es lo mejor de la vida, es lo único.

El futuro es la línea delgada de lo que puede soñar y elegir nuestro presente. Es el espacio posible de nuestra libertad.

hector.aguilarcamin@milenio.com