Día con día

Tláhuac y la corrupción igualitaria

Me escribe Rodrigo Negrete, raro espécimen mezcla de estadístico riguroso y ensayista libre:

“Siguiendo tus columnas de estos días en Milenio no puedo dejar de pensar que una característica de la transición y la alternancia en México fue una democratización de la transa e incluso una captura plebeya de los mecanismos típicos de corrupción de los aparatos del priato clásico.

“Algo que quizás no se comprende a cabalidad es que delincuencia organizada y gobiernos locales están ligados en un proyecto común de ascenso social (antes los delincuentes de extracción popular no tenían pretensiones hegemónicas).

“Es una forma de plebeyización de los aparatos, una política paralela a la del discurso y la plaza pública porque obviamente lo suyo no es articular discursos.

“Es asimismo una toma de poder desde la periferia y las subculturas de ciudades pequeñas y medianas hacia los centros urbanos del país.

“Los centros urbanos dictaban antes la política territorial: no más. Basta con escuchar qué música hay en la radio. La cultura de las ciudades consolidada en el siglo XX está en repliegue.

“Se dirá que desde los tiempos del PRI hegemónico la política era un mecanismo obvio de ascenso social, pero en esos tiempos los centros político-burocráticos imponían de arriba a abajo sus códigos y las reglas del juego. El iniciado tenía que comprenderlas y asimilarlas para seguir avanzando.

“En nuestro aquí y ahora hay algo más: un movimiento corruptor ascendente que se topa con el tradicional vertical descendente generando un tsunami que afecta los funcionamientos más básicos de aparatos e instituciones.

“En un país de enorme desigualdad como el nuestro nadie se atreve a hablar de la barbarie de abajo hacia arriba que también inauguraron las alternancias en el poder.

“La paradoja de México es la de un país cada vez más desigual y al mismo tiempo más plebeyo en sus códigos de actuación.

“A su vez la paradoja de Morena es que sus intelectuales pensarán en cruzadas por la igualdad pero los cuadros y sus bases lo que tienen en mente es el ascenso social que supone pasar por estaciones oscuras, cumpliendo con el orwelliano todos iguales pero unos más que otros”.

Hay algo serio que pensar en esto.

hector.aguilarcamin@milenio.com