Día con día

El sonido y la incuria

El video difundido de los minutos previos a la fuga de Guzmán Loera del penal de alta seguridad del Altiplano es como el espejo de un desastre institucional.

Añade a imágenes más o menos conocidas un elemento devastador: el sonido. Oímos en él los golpes que los topos de Guzmán Loera dan en el piso de su baño para terminar su increíble túnel.

Para llegar ahí han hecho ruidos parecidos durante las últimas semanas, ruidos de los que nadie ha hecho caso en el penal, aunque los ha oído todo mundo.

Una vez que Guzmán se ha marchado por el hoyo, el video nos deja oír el diálogo de los primeros custodios que llegan al lugar y hablan por la radio con su ¿sospechoso? comandante.

“¿Qué pasó?”, pregunta el comandante.

“Hay un hoyo en la regadera, comandante. Hay un hoyo en la regadera”.

“¿Hay un hoyo?”.

“Afirma, afirma: en la coladera de la regadera hay un hoyo”.

“¿De qué tamaño?”.

“Grande, comandante, grande”.

“Oye, pero, ¿el interno no está ahí?”.

“No, comandante, no está”.

El estupor que transmite la escena es genuino. También la parálisis mental de los custodios: no saben qué hacer, no tienen idea de lo que sigue.

El video nos hace saber que entre la fuga de Guzmán por el agujero y este diálogo han pasado 25 minutos. Entre la constatación de que Guzmán se ha fugado y la alerta roja advirtiendo del hecho, pasarán tres horas.

La complicidad es evidente, pero la negligencia institucional también. Es imposible pensar en la fuga de Guzmán Loera sin contar con la corrupción o el miedo que pudo imponer en el penal para operar a sus anchas.

Pero también es imposible pensar que pudo comprar o amenazar a las otras instancias que lo vigilaban fuera del penal, como la Secretaría de Gobernación, el Cisen y la Comisión Nacional de Seguridad.

El estupor y el desconcierto de los custodios es un espejo del gran aliado de Guzmán en su segunda fuga: la falta de coordinación y reflejos de los responsables, su letargo, su incuria, en medio de los más refinados sistemas de seguridad y vigilancia que se hayan instalado en México.

 

hector.aguilarcamin@milenio.com