Día con día

Un voto por Gonzalo Rivas

El 26 de octubre pasado la revista Nexos formalizó ante el Senado de la República su propuesta de que Gonzalo Rivas sea considerado como merecedor de la medalla Belisario Domínguez.

El texto de la propuesta, firmado por el subdirector de la revista Héctor de Mauleón, su editora Kathya Millares y yo mismo como director, recuerda que el 12 de diciembre de 2001, el ingeniero Rivas realizaba trabajos en una gasolinera de la Autopista del Sol, a la altura de Chilpancingo.

Ese día ocurrió en la carretera un desalojo de  manifestantes que terminó trágicamente, con el incendio de una bomba despachadora de combustible por parte de los manifestantes.

Las llamas hicieron huir a todos los que se encontraban en los alrededores de la estación, por igual manifestantes y policías. Gonzalo Rivas no corrió. Tomó un extintor y logró evitar lo que de otro modo hubiera podido ser el estallido de los depósitos de combustible subterráneos y la muerte de centenares de personas a las que un bloqueo de horas tenía atrapadas en la carretera.

Rivas murió porque la garrafa de plástico empleada para iniciar el fuego quedó en el lugar. El plástico de la garrafa se derritió y sobrevino una explosión cuyas llamas produjeron a Gonzalo Rivas quemaduras de tercer grado. Luchó contra la muerte 20 días. Finalmente sucumbió.

Este es el acto de valor y heroísmo que los editores de Nexos juzgamos digno de la medalla Belisario Domínguez: la extrema virtud que supone arriesgar la propia vida para salvar la de otros.

En esta hora oscura en la que todo parece estar marcado por la violencia, el miedo, la corrupción, el hartazgo, la desesperanza, la acción de Gonzalo Rivas revela la existencia de otro México, un México anónimo, valiente, noble, solidario.

Conceder la más alta distinción de la República a un héroe civil puede enviar una señal de aliento a millones de ciudadanos de a pie, que hacen todos los días algo por su país, que todos los días extienden su solidaridad a otros y toman riesgos por cumplir con su trabajo.

Si Gonzalo Rivas fue posible, no todo está perdido.

hector.aguilarcamin@milenio.com