Día con día

Las reformas y los días

Quiero volver al tema de las reformas y sus tiempos, esbozado ayer, porque me parece que el adverso día con día de la vida política ha diluido la consideración de su importancia al punto de que nadie se acuerda de las reformas hechas y parecen no existir.

Lo primero que hay que decir es que esas reformas existen más que nunca, en el sentido de que han podido ser planteadas por un gobierno y llevadas a las leyes por acuerdos abrumadores en el Congreso.

Las reformas corresponden grosso modo a lo que durante la primera década del siglo fue acumulándose como un consenso en el seno de la reflexión pública.

Jorge Castañeda y yo tratamos de ordenar ese consenso en distintos ensayos sobre el futuro deseable para México, el primero de los cuales fue publicado en 2009 (“Un futuro para México”, Nexos, noviembre 2009).

Nuestro acercamiento era tajante en cuanto a las reformas que hacían falta: fin a monopolios sindicales, políticos y empresariales, mayor competencia en televisión y telefonía, apertura del sector energético a la inversión privada, ampliación del Tratado de Libre Comercio a un mercado común con Norteamérica y un sistema de seguridad social universal financiado con el cierre de todos los regímenes fiscales de excepción, incluyendo el IVA.

En un segundo ensayo, luego de recorrer 30 ciudades presentando y oyendo reacciones al primero, añadimos reflexiones puntuales sobre cómo atacar la corrupción y la inseguridad, cómo estructurar la reforma educativa y cómo crear gobiernos con mayoría capaces de emprender estos cambios. (“Regreso al futuro”, Nexos, agosto 2010) *

Proponíamos todos estos cambios para ser realizados en un lapso de 15 años. El hecho fue que buena parte de ellos —en educación, en telecomunicaciones, en energía, en competencia económica— fue planteada y legislada por el gobierno de Peña Nieto en solo 18 meses.

Luego, vino la tormenta: Michoacán, Tlatlaya, Ayotzinapa, la caída del petróleo, el escándalo de las casas, los contratos impresentables, los conflictos de interés, el descrédito político.

Y en la tormenta estamos. Se diría que el gobierno de Peña Nieto trazó bien el futuro, pero está perdido o empantanado en los remolinos del presente.

*Los dos ensayos fueron reunidos en un solo libro: Una agenda para México. Punto de lectura, 2012.

 

hector.aguilarcamin@milenio.com