Día con día

El presidente Peña se mantiene en sus trece

El Informe presidencial es un formato imposible: el Presidente habla de un lado, del otro oyen sus invitados; el escenario es ordenado, previsible y frío; los asistentes gozan siendo parte de los happy few pero entre los asistentes están varias gentes de su medio a quienes preferirían no ver; los aplausos son rutinarios, cada vez más escasos. En fin: un ritual a reinventar.

Lo interesante para mí el día de ayer fue ver al presidente Peña admitir críticas, pero mantenerse en sus trece, expresión cuyo origen desconozco pero que en el lenguaje de hoy quiere decir algo parecido a lo que dicen los entrenadores de futbol: me muero con la mía.

Es decir, haré lo que creo con el equipo porque no hay nada mejor en lo que me proponen y no tengo otra cosa que proponer.

Es una actitud discutible en un entrenador de futbol, reo del cortísimo plazo, pues el cambio oportuno de un jugador puede hacer la diferencia radical entre perder o ganar un partido, y el partido puede ser el del campeonato.

Mantenerse en el rumbo elegido, en cambio, puede ser la virtud de un jefe de gobierno. Porque el partido que juegan los jefes de gobierno no se gana o se pierde en minutos, sino en años, y se sigue jugando cuando el juego ha pasado, en los veredictos de la historia.

Peña ha hecho ajustes y prometido cambios que no alteran su rumbo. Su problema de fondo, a mi juicio, no es el rumbo que ha elegido, sino la deficiente navegación hacia él.

Sabe a qué puerto quiere ir, lo ha puesto en la Constitución, en las leyes, y en las instituciones derivadas de ellas, pero no ha podido avanzar con claridad a su objetivo.

No tiene un déficit de proyecto, sino de ejecución, el déficit mayor de un político. Se mantiene en sus trece, sin embargo, y apuesta a los resultados de sus siguientes tres años de gobierno.

El demonio de la política lo acecha: puede haber diseñado un banquete que servirá su sucesor. Su sucesor se vuelve entonces tan importante como su proyecto.

Lo cual devuelve todo al día con día de la política, la política de la sucesión.
hector.aguilarcamin@milenio.com