Día con día

AMLO: el estado interminable

La lista es por su mayor parte impecable y en su totalidad abrumadora. Salvo unas cuantas propuestas delirantes o enigmáticas, de las que hablaré mañana, los compromisos de AMLO en materia de políticas públicas no pueden sino compartirse: auténtica democracia, auténticas libertades, estado de bienestar, educación y salud para todos, becas para jóvenes y ancianos, internet para todos, recuperación del campo, soberanía alimentaria, asociaciones público-privadas para transformar la infraestructura del país, diversificación de nuestra relaciones internacionales con base en los principios de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, cooperación con Estados Unidos.

La gran oferta global implícita en este menú inacabable de políticas públicas es la de un Estado enorme y un presidente todopoderoso. Un Estado con recursos para todo y un presidente capaz de hacer todo lo que propone. Un Estado y un presidente como los de antes del “neoliberalismo o el neoporfirismo”, como llama AMLO a los años de los gobiernos priistas, que sucedieron al gobierno de José López Portillo (1982-2000), a los dos gobiernos del PAN (2000-2012) y al actual gobierno del PRI: nombres más, nombres menos, el elenco completo de la “mafia en el poder”.

La pregunta obvia es de dónde saldrá tanto dinero. La respuesta: de los ahorros que haga el gobierno honesto en las arcas de la corrupción, calculados en el documento en unos 500 mil millones de pesos.

No alcanza ni para empezar a cantar esta tonada, dirán los tecnócratas. Suspender la corrupción alcanzará para todo, responderá AMLO, y su respuesta será verosímil por el tamaño de cueva de Alí Babá que la corrupción tiene ya en nuestras cabezas a resultas de lo que muestra cada día la realidad.

Por ejemplo, en lo que Carlos Puig ha llamado “el espectáculo de los gobernadores en fuga”.

Estado grande y presidente regenerador: “La decadencia que padecemos”, resume el documento, “se ha producido tanto por la falta de oportunidades de empleo, estudio y otros satisfactores básicos, como por la pérdida de nuestros valores culturales, morales y espirituales. Por eso nuestra propuesta para lograr el renacimiento de México tiene el propósito de hacer realidad el progreso con justicia y, al mismo tiempo auspiciar una manera de vivir sustentada en el amor a la familia, al prójimo a la naturaleza, a la patria y a la humanidad”.

Restauración del edén perdido, renacimiento de la nación, mediante el Estado grande y el presidente regenerador.

hector.aguilarcamin@milenio.com