Día con día

La fiesta petrolera

Hablamos todavía de la fiesta petrolera del gobierno de José López Portillo (1976-1982) durante la cual ingresaron al país 80 mil millones de dólares por ventas de crudo, unos 320 mil millones de ahora.

No hacía malas cuentas el presidente López Portillo cuando decía que los mexicanos debían prepararse para administrar la abundancia.

Nos preparamos poco y mal. Aquella fiesta terminó en una crisis financiera que no solo se comió en gasto público los 80 mil millones de la renta petrolera, sino que dejó al país con una deuda externa de otros 80 mil. Creo que hay cuentas de aquellos años que el país no ha terminado de pagar.

La fiesta petrolera de los años de López Portillo palidece en valor frente a la segunda gran fiesta petrolera de nuestra historia, la que llegó a su fin este año, luego de 14 de gloria.

Entre 2000 y 2014 el alto precio del petróleo trajo a las arcas mexicanas una riqueza equivalente a 6.6 veces el Plan Marshall que financió la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra.

Según los cálculos de Juan Pablo García Moreno, hechos en servicio de este artículo, los 17 mil millones de dólares que costó el Plan Marshall en el siglo pasado, equivaldrían a unos 160 mil millones de dólares de hoy.

Pero la renta petrolera mexicana de los primeros años del siglo XXI fue seis veces mayor a la del Plan Marshall. Su cifra es 1,058,635 millones de dólares (dólares de 2014).

Es difícil imaginar, incluso pronunciar la cifra: un millón de millones de dólares más 58 mil 365 millones.

Ese flujo de dinero explica en mucho la expansión del gasto público federal y el traslado de recursos sin precedentes a los estados y los municipios.

Nuestra segunda fiesta petrolera no tuvo efectos catastróficos en las finanzas públicas. Facilitó sin embargo la construcción de una gran piñata presupuestal federal, que facilitó a su vez la negociación política, e introdujo un arreglo equivalente de corrupción y pobre rendición de cuentas en los conductos del federalismo mexicano.

(Mañana: Democracia y complicidad presupuestal)

 

hector.aguilarcamin@milenio.com