Día con día

Hacia 2018

Mucho antes de las fechas legales previstas zarpa el barco de la elección presidencial mexicana de 2018. Luego de las contiendas de Coahuila, Nayarit, Veracruz y Edomex, el terreno queda abierto y las decisiones sucesorias se precipitan.

El barco zarpa con Andrés Manuel López Obrador en punta, aunque disminuido en su paso por el resultado adverso del Estado de México.

Atrás de Morena y AMLO van los otrora partidos mayores de la partidocracia mexicana: el PRI, detenido en su caída por sus triunfos de Edomex y Coahuila, “haigan sido como haigan sido”; y el PAN, urgido de una alianza hacia el futuro.

Supongo que en el horizonte del PRI domina la tentación de repetir para el año entrante la receta mexiquense: “Fragmenta y vencerás”.

Esta receta descansa en el supuesto de que el PRI, con un buen candidato y conservando a sus aliados, puede obtener algo cercano a 30 por ciento de la elección, cantidad suficiente para ganar la Presidencia, si sucede en el país algo parecido a lo que pasó en el Edomex.

A saber: que no haya una alianza del PRD con el PAN ni con Morena, y que haya algunos candidatos independientes o de partidos micro que se lleven algunos puntitos de los votos de la oposición, más que de los votos del gobierno.

Los triunfos en Coahuila y en el Edomex conservan para el presidente Peña la iniciativa de escoger al candidato del PRI, pero el proceso está lejos de ser simple y el Presidente lejos de tener una carta blanca.

Supongo que para el PAN debe haber quedado claro que sin una alianza con el PRD en 2018, sus posibilidades de triunfo son escasas.

Las derrotas en Coahuila y Edomex han desatado la puja interna por la candidatura presidencial panista y el PAN ofrece por el momento la imagen de un partido dividido hacia adentro y dividido también hacia fuera, respecto de si va a aliarse o no con el PRD.

El PRD ha quedado en una posición estratégica de partido bisagra. Su decisión de aliarse con el PAN o con Morena puede inclinar la balanza del 2018. Su decisión de ir solo, sin aliados, puede facilitar la estrategia de fragmentación del PRI.

hector.aguilarcamin@milenio.com