Día con día

El terror antimexicano de Trump

Si Donald Trump fuera un bateador de las grandes ligas, sería imposible que lo siguieran alineando en algún equipo.

En octubre del año pasado, en un discurso en Gettysburgh (of all places: el lugar del discurso legendario de Lincoln por la reconciliación americana, después de la guerra civil), Trump dijo que en sus primeros cien días de gobierno lograría como presidente 27 cosas.

Ha cumplido un porcentaje muy pequeño de sus  compromisos, cuatro de 27, dependiendo la forma en que se mida. Un fracaso absoluto como presidente en un país donde los presidentes cumplen en promedio el 70 por ciento de lo que prometen.

Trump ha sido altamente efectivo; sin embargo, en su desempeño antimexicano.

Ha descarrilado el acuerdo comercial del Pacífico, que era prometedor para México.

Ha sumido el Nafta en un horizonte de incertidumbre que detiene inversiones y devalúa la moneda mexicana.

Ha puesto en la agenda legislativa la financiación del muro, aunque no haya conseguido todavía un dólar para ese proyecto.

Va sacando también la pelota del parque cada vez que miramos lo que sucede en su hostilidad contra los migrantes mexicanos, legales e ilegales, que viven y trabajan en Estados Unidos.

En este punto específico es Baby Ruth. Ha creado un muro de miedo que inhibe la migración hacia el norte y ha creado un estado policiaco para toda la comunidad mexicana, centroamericana por extensión, que vive y trabaja ilegalmente en los Estados Unidos.

El miedo se extiende con rapidez a la comunidad migrante que vive legalmente allá.

Pocas cosas que yo haya leído resumen tan bien  el cambio cualitativo en esta materia como la crónica de Dara Lind publicada en Vox a principios de abril.

Les dejo aquí el link donde pueden leer el retrato de Lind sobre el cambio en las emociones de la comunidad migrante mexicana de Austin, Texas, una de las más liberales,  tranquilas y equilibradas en la materia (http://bit.ly/2oRAvGn).

Resumo su retrato diciendo que las emociones de esa comunidad han pasado del miedo al terror.

hector.aguilarcamin@milenio.com