El viernes pasado publiqué aquí una columna sobre un rasgo clave de la sociedad mexicana actual, a saber, que es una sociedad de millones de migrantes —interiores y exteriores— (“¿Mexicanos? ¿De dónde son?”, 25/9/15).
El economista José Casar acude a la plática con una buena colección de datos. Escribe:
Se me ocurre que a la anábasis que describes en Milenio (del campo a la ciudad y del país al norte) se debe sumar otra corriente migratoria que me ha dejado confundido desde que cobré conciencia de ella.
Me refiero a la continua fundación de nuevas localidades en todo el país que se constata al comparar el número de localidades que reportan los sucesivos censos de población y que solo se comenzó a revertir entre 2000 y 2010.
En el censo de 1980, dice Casar, se reportaron 125 mil 300 localidades nuevas; en el de 1990 fueron 156 mil 602 localidades nuevas más; en el año 2000, otras 199 mil 247; en 2010, otras 192 mil 247. Total, unas 670 mil localidades nuevas en 40 años.
“¿Quién y por qué fundó estos pueblos o caseríos?”, pregunta Casar. No lo sé, pero adivino que en la respuesta hay una gran historia.
Casar añade datos también de lo que llama una “migración contra natura”.
En 1970, por ejemplo, el Censo reporta 7.4 millones de personas que habían cambiado de lugar de residencia. Como es de esperarse la mayor parte de ellas (3.6 millones) residía en (se había mudado a) localidades de 50 mil habitantes o más. Sorprendentemente, sin embargo, 1.1 millones —más del 15%— habían migrado a localidades de menos de 2 mil 500 habitantes. Sospecho que a localidades mucho más pequeñas, localidades nuevas de hecho. ¿Quiénes son? ¿Por qué se mudaron a lugares pequeños, nuevos, presumiblemente sin servicios? ¿Ocupan nuevas tierras de cultivo? ¿Los echaron de sus lugares de origen?”.
Concluye José Casar:
Tengo la impresión de que las migraciones (a las ciudades, al norte y a los “pueblos nuevos”, junto con el estancamiento económico, la transición demográfica, familias más pequeñas y dispersas) más la fragmentación del “poder democrático” y por supuesto el narco, explican en su conjunto el deterioro del tejido social que nos marca hoy.
hector.aguilarcamin@milenio.com