Día con día

Midiendo la corrupción

En las páginas electrónicas del CIDE (cide.edu.mx) y del IMCO (imco.org.mx), y próximamente en la de Nexos, puede leerse uno de los más refinados y penetrantes estudios sobre la corrupción de que pueda disponerse.

Es de María Amparo Casar y tiene como título "Anatomía de la corrupción". La anatomía prometida se exhibe en ocho cortes, todos tan ricos como sus títulos prometen: 1. Causas, 2. Percepciones, 3. Impunidad, 4. Frecuencia, 5. Extensión, 6. Costos, 8. Soluciones.

Muchos hemos sostenido en la prensa que el tema de la corrupción, el rechazo a la corrupción, es una emoción pública que llegó para quedarse.

He sugerido en este espacio que la intensidad del rechazo anuncia quizá el inicio de una "revolución moral", ese momento de la moral social en que algo a lo que parecíamos acostumbrados y con lo que parecíamos conformes, empieza a ser intolerable, y no deja de serlo sino hasta que se toman medidas en contra y se cambia la realidad.

Algo parecido a este sentimiento acumulado detonó en los años 80 del siglo pasado la transición democrática mexicana.

Entre otras joyas de esta Anatomía, Casar le ha puesto algunos números al escándalo de la corrupción. Establece, por ejemplo, la frecuencia con que esta palabra apareció en la prensa del año 1996 al año 2014.

Se trata de un tsunami.

En el año 1996, la palabra apareció 96 veces en las 250 publicaciones que registra Infolatina. Para el año 2014, el número de menciones llegó a ser de 29 mil 505.

Casar le ha puesto también cifras comparativas a la impunidad. Recogió la medición de escándalos y acusaciones hechas entre el año 2000 y el 2013 a gobernadores de México y de Estados Unidos.

En esos 13 años hubo 41 gobernadores mexicanos acusados de corrupción en la prensa: solo 16 fueron investigados y solo 4 detenidos.

Durante el mismo lapso, en Estados Unidos fueron acusados de actos de corrupción 9 gobernadores: los 9 fueron investigados y los 9 consignados.

"La lucha contra la corrupción tiene lugar en muchos escenarios", concluye Casar "—México apenas empieza a escribir su libreto".

hector.aguilarcamin@milenio.com