Día con día

Mariguana: persecución y ridículo

El mundo tiene legalizadas drogas mucho más dañinas que las que persigue. Según el informe de 2014 de la ONU, por consumo de tabaco mueren 4 millones de personas cada año. Por consumo de alcohol, un millón y medio. Por el consumo de todas las drogas prohibidas (mariguana, heroína, cocaína, metanfetaminas) solo 234 mil.

Ninguna de las 234 mil muertes registradas por abuso de drogas prohibidas pudo ser por consumo de mariguana, pues la mariguana no tiene dosis letal. Nadie puede morirse fumando mariguana.

Criminalizar la mariguana ha tenido consecuencias graves para México. Durante mucho tiempo, la mota fue el centro del negocio del narcotráfico mexicano. Es la hierba que hizo ricos y poderosos a nuestros narcos. Todavía.

Según Alejandro Hope, en 2012 México producía 3 mil 700 toneladas de mariguana. Valían 2 mil 30 millones de dólares (http://bit.ly/1KWJesV ).

La legalización estadunidense de la hierba cambió el mercado. El kilo de mota mexicana llegó a costar allá entre 60 y 90 dólares. Ahora vale entre 30 y 40. Los fumadores gringos prefieren su mota porque tiene entre 10 y 20 por ciento de la sustancia tóxica que buscan, la impronunciable tetrahidrocannabinol (THC). La mota mexicana tiene tres veces menos THC: entre 3 y 8%.

El mercado es el mercado. Dada la eficacia de la producción de mariguana en EU, el cártel de Sinaloa redujo sus plantíos en 30 por ciento, y está importando mota gringa para venderla en México como producto premium. http://bit.ly/15ouva7

El mundo al revés: los narcos mexicanos compran mariguana legal en Estados Unidos y la venden ilegalmente en México.

Los temibles narcos mexicanos son allá bienvenidos clientes legales y acá inaceptables contrabandistas. La prohibición de la mota alcanza así visos ridículos de proteccionismo comercial.

Tomen nota los amigos del libre comercio: en el mercado de la mariguana que nos hicieron perseguir, Estados Unidos ha creado condiciones de competencia desleal para productores y consumidores mexicanos.

En esto de la mariguana vamos pasando de la persecución discutible al ridículo manifiesto.

hector.aguilarcamin@milenio.com