Día con día

Manuel Moreno Sánchez. La sonrisa estoica/ III

En medio de su exilio interior y su disidencia creciente, fue un hombre abierto, generoso y prolíficamente a los demás.

Durante años, junto con su mujer Carmen Toscano, una leyenda biográfica aparte por su propio derecho, Moreno Sánchez fue el anfitrión de legendarias comidas campestres en el húmedo refugio de Los Barandales, un rancho de huertos ralos propiedad de la familia Moreno Toscano, en las alturas metafísicas del pueblo de Ocoyoacac, rumbo a Toluca.

Ahí confluían varias veces al año los ánimos discutidores de tres generaciones de intelectuales y académicos, que devanaban el país en largas sobremesas de palabras arrebatadas, de un estilo analítico cuya debilidad resumió un día Moreno Sánchez: “Donde ustedes ven causas políticas y lucha de clases, yo solo veo lucha de intereses y pleito de personas”.

En torno a aquellas mesas abundantes, surtidas con ollas de moles y barbacoa, arroces y chiles rellenos, huazontles capeados y chicharrones en salsa verde, crecieron proyectos intelectuales y políticos que han dejado huella en nuestra vida pública.

Entre los primeros, el diario unomásuno, cuyas primeras oficinas fueron las de la casa de Moreno Sánchez en las calles de Prado Norte, en las Lomas de Chapultepec; y la revista Nexos, que heredó las oficinas de unomásuno, en 1978, para heredarlas después a las primeras reuniones decisivas de la fundación del diario La Jornada.

El rancho de Los Barandales fue también la sede ex oficio del nacimiento de la corriente crítica del PRI, que daría más tarde paso a la Corriente Democrática y luego al Frente Democrático Nacional que acabó para siempre con la hegemonía política priista en las elecciones de 1988.

Apunto desperdigadamente todo esto y voy entendiendo la potente historia, la confluencia de potentes historias, que nacen o convergen, en el nombre de Manuel Moreno Sánchez.

Entiendo la entrega de la colección de sus papeles al Archivo General de la Nación como una botella tirada al mar en busca de un biógrafo para un personaje extraordinario cuya vida cubre el arco de un siglo, del gran siglo de México, cuyo rasgo sobresaliente acaso sea, como el de la vida de Moreno Sánchez, que siempre supo cambiar, que ha cambiado incluso drásticamente sin haberse roto ni desintegrado.

hector.aguilarcamin@milenio.com