Día con día

Lecciones de la prohibición del alcohol en EU/y II

Les comparto la segunda parte del pasaje sobre la prohibición del alcohol en Estados Unidos, incluido en informe razonado de Nexos sobre la conveniencia de legalizar las drogas:

Las rentas anuales de las mafias que controlaban el tráfico de alcohol en Estados Unidos se han calculado en 3 mil 600 millones de dólares. Daniel Okerent, autor de un libro reciente sobre la prohibición, explica: “Con 3 mil 600 millones de dólares en juego, ¿qué más podía esperarse? El asesinato parecía un requisito administrativo para asegurar ese flujo de dinero, un trámite para mantener el negocio”.*

Otra consecuencia no buscada de la prohibición fue la sustitución de bebidas con menor contenido alcohólico, como la cerveza, por licores que ocupaban menos espacio para transportarse clandestinamente. Esto trajo la adulteración del alcohol y la desaparición de cualquier control de calidad en las tabernas toleradas.

Un caso ilustrativo: en 1930 el consumo de un cargamento de “Jamaica Ginger”, una bebida con alto contenido de alcohol, dejó parcialmente paralizados a 50 mil estadunidenses.

¿Qué pasó con estas consecuencias no deseadas una vez que se eliminó la prohibición? Algunas de las bandas criminales se desarticularon o se dedicaron a otros negocios legales. Dos ejemplos de incorporación de ex traficantes al mercado legal fueron, primero, los hermanos Bronfman, dueños de Seagram’s, una destilería canadiense; segundo, la construcción de Las Vegas como una ciudad primordialmente dedicada a las apuestas a partir de la inversión y administración de integrantes de la Mafia.

Los homicidios y la violencia descendieron, como se dijo, pero hubo sobre todo una disminución en las grandes y sórdidas historias de nota roja que habían convertido a los traficantes de alcohol en personajes a la vez temidos y respetados.

Sonrían: cuando se acabó el negocio, algunos de los traficantes que movían alcohol ilegal en coches se convirtieron en pilotos de la asociación de carreras NASCAR.

Por lo que hace al consumo, la legalización no lo hizo subir de modo exorbitante. Se mantuvo hasta los años 70 por abajo del consumo anterior a la prohibición. Los estudiosos atribuyen el hecho a que la relegalización depositó en los gobiernos locales la obligación de regular estrictamente las licencias y requisitos de venta. Incluso se decía que al terminar la prohibición era más seguro conseguir alcohol, pero más complicado.

 

*Daniel Okerent, Last Call: The rise and fall of prohibition, Scribner, 2010.

hector.aguilarcamin@milenio.com