Día con día

La nación desdibujada

En su libro más reciente, La nación desdibujada (Malpaso, 2016), Claudio Lomnitz reúne ensayos de peculiar inspiración y pertinencia.

Los dos primeros, sobre Michoacán y Ayotzinapa, son crónicas reflexivas que se preguntan por cambios profundos en cinco dimensiones fundamentales de México, se diría que cinco dimensiones en fuga: la familia, el Estado, la representación, la moral y la justicia.

Las sombras de la antigua familia y el antiguo Estado recorren Michoacán convertidos en verdaderos fantasmas, engendros espectrales de sí mismos.

Lomnitz revisa los intentos colectivos de reponerlos, intentos tentaleantes y esperpénticos, y ofrece una lectura en clave antropológica de la descomposición del Michoacán tradicional y su búsqueda de una sustitución simbólica para las sombras perdidas de la familia y para el Estado.

El ensayo de reposición de la primera engendra el sustituto criminal del cártel de La FamiliaMichoacana y el sustituto social del experimento de la Gran Familia, versión desorbitada de internado, escuela, cárcel y familia extensa para niños sin familia, invención personalísima y colectiva a la vez, de Rosa Verduzco, hija desmesurada de Zamora.

El ensayo de Ayotzinapa pone los ojos en el problema de la crisis de representación política que aqueja al Estado mexicano, cuyo fondo es el desencuentro del cambio social profundo de las últimas décadas con el cambio, pese a todo superficial, cupular, perezoso, de su sistema político.

Bajo la mirada de Lomnitz, la crisis de representación y la asamblea de los fantasmas de la antigua familia y el antiguo Estado hierven en el cauce de una revuelta moral asociada a un clamor de justicia.

Existen en México, dice Lomnitz, “verdaderas condiciones para una revuelta moral. Condiciones genuinas para producir una suerte de reprobación de la riqueza, la ambición, la influencia, la arrogancia y las pretensiones desmedidas de la clase política, como nunca ha existido en México en la historia reciente… El ánimo actual tiene un centro de atención muy claro: la justicia. Esta claridad, me parece, es nueva”.

Añado, siguiendo a Lomnitz, que no hay en la historia una sociedad donde el reclamo profundo de justicia no haya conducido a cambios profundos, de largo alcance, en esa sociedad.

hector.aguilarcamin@milenio.com