Día con día

Insomnio americano

Me despertó el fin de semana, en la honda madrugada, la certidumbre insomne de que Donald Trump podría ser presidente de Estados Unidos.

Al día siguiente fui a buscar qué decían las encuestas estadunidenses al respecto: no quién ganaría la candidatura demócrata o la republicana, sino quién podía ser electo presidente en noviembre.

No tuve que buscar mucho, la primera consulta en Google me llevó a la dirección de Real Clear Politics (http://www.realclearpolitics.com/), uno de los tres sitios fundamentales dedicados a medir la política y sus tendencias en Estados Unidos. Los otros dos son Thirty Five Eigth (http://fivethirtyeight.com/) y Vox (http://www.vox.com/).

En la primera plana de Real Clear Politics encontré el resumen de todas las encuestas disponibles al mes de marzo sobre la intención de voto presidencial estadunidense, y su promedio. La foto de ese promedio es sorprendente.

Si la elección presidencial fuera entre Hillary y Trump, Hillary ganaría por 11.2 puntos. Si fuera entre Hillary y Ted Cruz, Hillary ganaría por solo 2.9 puntos, un empate técnico. Pero si el candidato republicano fuera John Kasich, aquí empiezan las noticias, Hillary perdería por 6.5 puntos.

El mismo ejercicio hecho con Bernie Sanders sorprende también. Sanders le ganaría a Trump más fácilmente que Hillary, por 17.4 puntos. Le ganaría a Cruz con claridad mayor que Hillary, por 10 puntos. Y triunfaría también sobre John Kasich, aunque solo por 2 puntos, un virtual empate técnico.

De modo que, al día de hoy, el mejor candidato que tiene el partido republicano para ganar la presidencia es John Kasich, gobernador de Ohio, pero va en un lejano tercer lugar en las elecciones primarias de su partido.

Y el mejor candidato demócrata, Bernie Sanders, va  también en un lejano segundo lugar en las preferencias de su partido.

Me tranquiliza la idea de que, según las encuestas, al día de hoy, Trump es el peor candidato que los republicanos pueden presentar a las elecciones de noviembre: un perdedor seguro.

Lo demás es el retrato de un sistema electoral extraño, cuya vitalidad está fuera de duda, pero que tiene hoy a los candidatos favoritos del público, Kasich y Sanders, lejos de la pelea por la presidencia.

Sigo sin entender, pero por estos días se me pasó el insomnio americano.

 

hector.aguilarcamin@milenio.com