Día con día

AMLO: la mafia en el poder y la regeneración nacional

La premisa y la prioridad política de AMLO son que hay que echar del gobierno a “la mafia en el poder”.  Solo así podrá conseguirse la “regeneración nacional” que Morena lleva en sus siglas.

Se ha señalado bien el fondo populista de este corte que describe la lucha política como un pleito entre el pueblo bueno y el gobierno malo:

Lo dice el propio AMLO sin reticencia alguna en las líneas finales de su documento:

Nuestros adversarios están en las cúpulas del poder económico y político, y en las burocracias de los partidos. Abajo no tenemos diferencias con nadie: el problema está arriba. En realidad son muy pocos los que oprimen a muchos. En las bases y en las clases medias hay un profundo deseo de liberación, de hacer realidad la justicia y de establecer una auténtica democracia.

AMLO ha tomado el liderato en proponer la corrupción como el cáncer de México; y la honestidad en el gobierno, como su piedra regeneradora.

Se ha dicho que esta es una simplificación, del mismo modo que su caracterización de la “mafia en el poder” es una caricatura.

Lo que no se dice mucho es que la caricatura de AMLO se asemeja cada día más a la realidad y que la realidad ha puesto en
el centro de los problemas nacionales, en efecto, la corrupción que barrena la democracia y el buen gobierno en México.

La caricatura de AMLO sobre la mafia en el poder encuentra cada día los rostros que la llenan.

La indignación pública que esto suscita tiene los visos de un crescendo en busca del tenor que lo alcance.

Nadie se ha propuesto con más desenfado para ese papel que AMLO, aunque sea parte innegable de la misma partidocracia que critica. Nadie en la partidocracia habla contra la corrupción con desfachatez y convicción comparables.

La pregunta, claro, es por qué habrían de creer los mexicanos que AMLO puede abatir con su vara de mando la corrupción.

 La respuesta es que no necesita convencer de esto a todos los mexicanos, solo a la tercera parte de los votantes efectivos, quizá un 15 por ciento de los mexicanos mayores de edad, para hacerse Presidente.

hector.aguilarcamin@milenio.com