Auditoría Ciudadana

El concurso y el clásico empresario con miedo

El clásico empresario mexicano ha tomado un nuevo perfil, ese que antes era conocido por el principio de "dueño rico, empresa pobre". Ya no puede seguir así y poco a poco esta visión anticuada ha evolucionado, incluso ante los ojos del derecho, institución que ha regulado el comercio desde una nueva perspectiva, un enfoque moderno y que se ha mantenido siempre a la vanguardia.

La crisis económica actual, misma que aún no demuestra sus efectos críticos ante el consumidor final, paulatinamente comienza a causar estragos en las finanzas de aquellas empresas que a través del uso del crédito extranjero se han hecho de recursos, materias primas o maquinaria, pues las divisas en que éste se contrajo, ahora se apartan más y más de nuestro peso por el tipo de cambio.

Esto traerá como efecto concatenado un nuevo auge de los concursos mercantiles en todo el país. Bueno, al menos éste sería el panorama esperado, ya que estos representan un procedimiento extraordinario, cuya finalidad es lograr la conservación de las empresas como agentes económicos y fuentes laborales, cuidando de igual forma que sus incumplimientos no causen mayor detrimento en las finanzas de terceros con quienes mantienen relaciones comerciales y del cual se ha procurado la especialización de quienes los asesoran.

El único problema es que, a pesar de las reformas y avances en la legislación actual, muchos comerciantes tienen miedo al qué dirán, ese estigma al cual fue sujeto el empresario fallido del siglo XIX, y que se ha dejado atrás en la mayoría de los países, pero no en el nuestro. Este es un reflejo de la mente conservadora, "a la antigüita" del mexicano promedio; concepción que debemos tratar de erradicar, pues la cadena comercial actual propicia la facilidad de un quebranto patrimonial de cualquiera de sus eslabones, el cual debe poder ser atendido y reparado a la brevedad, mediante procesos eficaces como lo es el concurso mercantil, considerando que en caso de no atenderse puede agravar no solo su propio estado patrimonial de falencia inminente, sino que repercutirá también de peor manera en el crédito de terceros, llegando incluso hasta la quiebra.

Sin embargo, no crea, estimado lector, que todo es color de rosa ante la posibilidad de los Concursos Mercantiles; lamentablemente desde su creación el proceso concursal mexicano fue gestado con muchas deficiencias en cuanto a los derechos de los acreedores, sin que los legisladores hubieran ponderado adecuadamente entre el garantismo y la eficiencia que debe caracterizarlo, optando por salidas rápidas para el deudor concursado, pero dejando de lado los derechos de algunos de los acreedores. Estos puntos flacos de la ley han sido subsanados en cierta medida por nuestros representantes en el Congreso de la Unión, implementándose procesos más sencillos de responsabilidad en contra de los administradores, aumentando el espectro de conductas tipificadas como delitos y garantizando que los acreedores velen porque los procesos concursales sean reales y no, como muchas veces acontece, moldeados en favor de los deudores, en complicidad de personas relacionadas con quienes habrían contraído algunos créditos.

En caso de ser sujeto a un concurso mercantil como acreedor, la mejor sugerencia que puedo verter es que, como dicen en mi rancho, "la mayoría hace la fuerza" y lo prudente es que entre varios de los acreedores se intente una defensa y vigilancia del concurso conjunta, garantizando que sus derechos, crédito y patrimonio sean respetados, pues así probablemente se logrará la posibilidad de hacer menos onerosa su defensa, lograr resultados más efectivos y tener certeza que no se cometerán actos en fraude de acreedores en su perjuicio, nombrando incluso juntos un Interventor que vigile, durante el Concurso los actos que realice el comerciante.

Felicitamos al ahora Gobernador de Colima, Ignacio Peralta Sánchez y a su flamante gabinete, me queda claro que ese Estado saldrá de la crisis social, política y económica a las que lo llevaron los dos últimos gobernadores. El Congreso de esa entidad federativa tiene la obligación de ordenar a su órgano de fiscalización auditar la gestión del último gobernador, haciendo una auditoría de fondo, no como las que hacen aquí, en Jalisco, donde solo se lavan y planchan las cuentas públicas..

hromero@correduria58.com