Articulista invitado

Gritos desesperados

Uno de los más grandes y ancestrales problemas del Derecho es precisamente su rigidez.

Una vida que tiene que luchar

constantemente por la vida no es una vida.

Mendrano
De cuando en cuando existen gritos que si bien son desesperados, terminan siendo sofocados por la indiferencia social. El más reciente de ellos sucedió hace unos cuantos días en Chile, fue un grito de angustia lanzado por una niña de apenas 14 años de edad, 35 kilogramos de peso y la carga indescriptible de padecer una enfermedad hereditaria y degenerativa —fibrosis quística— que afecta sus pulmones, su hígado y su páncreas.

Valentina Maureira está cansada de luchar contra esa enfermedad y ha pedido hablar con la presidenta de aquel país, porque dijo que estaba “cansada de vivir con esta enfermedad y ella me puede autorizar la inyección para quedarme dormida para siempre”.

Es dramático pensar que una niña sufra como lo está haciendo Valentina, es dramático pensar que su llamado no podrá ser resuelto por la presidenta chilena, el problema tiene que ver con eso que los juristas llamamos derecho positivo. Frente a la norma jurídica instituida, ni aun el presidente de un país puede hacer nada.

Uno de los más grandes y ancestrales problemas del Derecho es precisamente su rigidez, herederos de la tradición napoleónica países como Chile y México cuentan con códigos en los que pretendemos agrupar todas las hipótesis posibles y las posibles respuestas a las mismas.

De hecho, eso es lo que sucedió cuando Álvaro Elizalde, vocero del Gobierno chileno, manifestó que la normativa vigente de aquel país hacía imposible que se pueda acceder a la petición de Valentina. Frente a esta situación y al no poder inhibir el sufrimiento de la menor, la respuesta jurídica es mediocre, ya que en términos jurídicos, lo único posible es que la niña se niegue al tratamiento, tal y como lo manifestó el subsecretario de Salud chileno, Jaime Burrows.

Es precisamente aquí donde se encuentra la trampa, somos social y jurídicamente hipócritas al ignorar el sufrimiento de un ser humano y al equiparar a la eutanasia con el homicidio; somos h ipócritas cuando decimos, como lo hizo el ministro de Salud chileno, que si bien prohibimos la eutanasia o el suicidio médicamente asistido, sí podemos permitir que este tipo de pacientes se nieguen a recibir un tratamiento, lo que implica que mueran lentamente.

Consideramos grave ayudar a morir o dar muerte a alguien, pero sí somos capaces de permitir que las personas mueran lenta, dolorosa y angustiosamente, así de absurdas son las leyes y así de absurdos somos los humanos.

Estoy consciente que desde la trinchera del conservadurismo se dirá que si abrimos la puerta frente a casos como éste, caeremos en una pendiente resbaladiza por virtud de la cual terminaremos asesinado a personas con discapacidad o bien a nuestros viejos. Nada más alejado de la realidad, es precisamente para evitar este tipo de abusos que existe el Derecho, sin embargo, para poder tener un Derecho justo, es necesario no meter la cabeza en un hoyo como las avestruces, es menester discutir estos temas y darle el cauce más humano posible.

La eutanasia o el suicidio médicamente asistido no deben ser concebidos como eugenesia, sino como un medio para evitar sufrimientos innecesarios, particularmente cuando conocemos bien las limitantes de la ciencia y la tecnología con la que disponemos en la actualidad.

En fin, el caso de Valentina no es ni el primero ni el último, ha habido muchos a lo largo de la historia igual de dramáticos que han sucedido en diferentes partes del mundo, a modo de ejemplo recordemos los casos sucedidos en Francia (Vincent Humbert y Eddy Somer), en Italia (Eluana Englaro) o en España (Ramón Sampedro).

Todo indica lo que se nos ha olvidado, que vivir es un derecho, no una obligación. Éste es el verdadero meollo del asunto.

"Adendum"

Por cierto, cabe recordar que en febrero de 2014, la Cámara de representantes belga aprobó con 86 votos a favor, 44 en contra y 12 abstenciones la eutanasia en menores de edad, entre los principales requisitos está, que la solicitud sea apoyada por los padres del menor y por un equipo médico que certifique que la existencia de una enfermedad terminal.

También Holanda es otro país donde la eutanasia para menores de edad (a partir de los 12 años) es legal, el requisito indispensable es que la solicitud de terminar con su vida esté avalada por el consentimiento de los padres.