Articulista invitado

Mi respuesta a Luengo Creel

No fui yo quien puso el tema del crimen de José Francisco Ruiz Massieu —cuñado de Raúl Salinas— sobre la mesa, pero una vez puesto, sentí la necesidad de aclarar algunas paradas.

Entre asesinato y política existe una dependencia antigua, estrecha y oscura. Dicha dependencia se halla en los cimientos de todo poder, hasta ahora…”.
H. M. Enzensberger,“Política y delito”.

 

No estoy impugnando ninguna resolución judicial, sin duda el tema es cosa juzgada. Tampoco tengo ningún problema personal con Raúl Salinas de Gortari (RSG) ni con su hermano, el ex presidente. Pero dos jueces consideraron, en dos ocasiones distintas, con los mismos argumentos que Luengo dice eran obra de una “investigación fabricada”, que existían suficientes elementos para dictarle a Salinas una sentencia condenatoria, la primera vez de 50 años, la segunda de 27 (1999).

No me “fusilé” al dúo Chapa/Lozano; en mi artículo del viernes pasado en MILENIO Diario reagrupé temas y posicionamientos que planteé a lo largo de varios años en publicaciones como Nexos, El Nacional y Uno Más Uno. En el que, por cierto, califiqué el crimen como producto de un “complot de baja estofa”.

Fui uno de los que contribuyeron públicamente a demoler a Chapa y a Lozano, y no solamente por sus aberraciones en el caso Colosio.

No fui yo quien puso el tema del crimen de José Franciso Ruiz Massieu  (JFRM) sobre la mesa, pero una vez puesto, sentí la necesidad de aclarar paradas; esto es, plantear una concatenación de hechos, argumentos y posiciones distinta, contraria y de algún modo complementaria a la que expuso en Nexos y MILENIO Diario Carlos Puig.

Nunca dije que hubiera leído todo el expediente del caso, me baso sobre todo en lo que apareció en medios, nacionales y extranjeros.  Pero Luengo insiste en que mi texto está “plagado de falsedades”. Veamos.

¿Qué dice la Wikipedia sobre la relación entre RSG y JFRM? Que “en 1994 corrieron numerosos rumores de enfrentamientos entre Raúl Salinas de Gortari y José Francisco”. No olvidemos el contexto de 94: una rabiosa lucha por el poder (Carlos Salinas dixit, aunque no dijo entre quiénes era esa lucha ni los objetivos de la misma ni dio nombres).

Según cables desclasificados de la embajada estadunidense en México, Natividad González Parás, por entonces un político muy cercano a Ruiz Massieu (posteriormente subsecretario de Gobernación y luego gobernador de Nuevo León), les habría confiado a los gringos que él personalmente creía que Raúl Salinas ordenó en 1994 el asesinato del líder priista Francisco Ruiz Massieu”. ¿Por qué estaba convencido González Parás de eso?

“González Parás dijo que él era un político cercano a Ruiz Massieu y que estaba consciente de los desacuerdos que existían entre los dos hombres”, dice el cable.

Según el informe, González Parás reforzó su hipótesis recordando un caso, pero esta parte del documento sigue clasificada como información reservada y se conocerá hasta 2020 (sic) (Reporte Índigo).

Dice el abogado Luengo que Raúl Salinas de Gortari nunca fue director de Conasupo, pero en la carta que anexa como prueba de las buenas relaciones entre su defendido y el asesinado, éste se dirige a aquel en términos de: “director de Planeación de Conasupo” (donde casualmente los reportes periodísticos cifran el inicio de la “acumulación originaria”). ¿No tiene el abogado una prueba más reciente del afecto entre los cuñados?

¿Por qué no mencioné el asunto de El Encanto? Porque yo, como muchos, estuve y estoy convencido de que solo a una mentalidad tan poco escrupulosa y atrabancada como la de Chapa Bezanilla le podían vender esa farsa; lo cual no anula los demás elementos de la acusación. Prueba de ello es que Raúl fue encontrado culpable en primera y segunda instancias tiempo después de que Chapa Bezanilla y Lozano habían sido despedidos de la PGR.

En cuanto a que el mayor Chávez dijo y se desdijo; primero, sería muy bueno conocer textualmente esas retractaciones; segundo, ¿por qué atribuirles validez a unas declaraciones e invalidar las otras?

El abogado Luengo sabe perfectamente que una cosa es la verdad histórica y otra la verdad legal.

En la verdad legal deciden declaraciones como la siguiente: “El magistrado José Nieves Luna Castro, quien elaboró el proyecto de sentencia que otorgó el amparo (a RSG) explicó que se resolvió dar el beneficio de la protección de la justicia federal a Raúl Salinas de Gortari en el delito de homicidio, pues se consideró que “el contenido de las constancias en el expediente del caso no son suficientes para acreditar a título de plenitud (sic) su responsabilidad penal en el crimen de Ruiz Massieu”, (en El Universal, 10/06/2005).

Sin embargo, lo que dice el magistrado Luna Castro es muy distinto a la afirmación de que los miembros del tribunal Unitario “confirmaron inequívocamente la inocencia y ajenidad (a los hechos) del ingeniero Salinas de Gortari” (como interpreta tendenciosamente Luengo Creel).

La verdad histórica no se agota con dicha resolución, de esto trata el ensayo de Puig y mi réplica. Mis argumentos tienen como punto de referencia la verdad legal, en sus distintas etapas, pero no se agotan ahí. Por ejemplo: el abogado Luengo Creel nos informa a los mexicanos que Justo Ceja “no está desaparecido” ni prófugo; vaya, ¿entonces en dónde está? ¿Alguna vez dará una explicación pública de su papel en estos hechos? ¿Qué tiene que decir su vocero acerca de este misterio?

Sigue pareciéndome un exceso que ahora almas caritativas nos quieran transmutar a personajes emblemáticos de la corrupción, en víctimas indefensas de una política de Estado (sic) que maltrató sus reputaciones, propiedades y derechos.

Finalmente, una pregunta al aire: ¿no existe un código de ética de los abogados, de modo que éstos estén obligados a asegurarse del origen legítimo de los recursos con que se les paga?