Voces Ibero

“La culpa es de los tlaxcaltecas” de Elena Garro

Nacha oyó que llamaban en la puerta de la cocina y se quedó quieta. Cuando volvieron a insistir abrió con sigilo y miró la noche. La señora Laura apareció con un dedo en los labios en señal de silencio. Todavía llevaba el traje blanco quemado y sucio de tierra de sangre.(Garro, 21)
El relato plasma el conflicto entre el universo indígena y el mestizo, hace referencia a un tiempo mítico que encierra la riqueza perdida de las ciudades prehispánicas de nuestro país. Laura Aldama, inconforme protagonista de la historia, es una mujer casada habitante de la cultura contemporánea del siglo XX, pero al mismo tiempo ajena a ésta,  vive angustiada siempre ante la disyuntiva entre la originalidad y la apariencia, la verdad y el engaño, la fidelidad y el amor. En un viaje encuentra a su “primer”, primo marido, un indígena que la hace volver a reconciliarse como mestiza, pero también a asumirse como culpable del avasallamiento de la Gran Tenochtitlán.
La presencia de un tiempo mágico y las confidencias que Laura hace a Nachita, su cocinera van armando la trama de todo el relato, sólo Nachita logra comprender a Laura y coadyuva en la resolución del conflicto amoroso-histórico. Gran parte de las escenas son desarrolladas en la atmósfera nebulosa y mágica de la cocina, que viene a ocupar un lugar destacado y cargado de significados latentes en el relato.
Al tiempo que Laura redescubre su niñez puede reconocerse a sí misma y sus capacidades en un tiempo infinito y dúctil. Su origen natural es revelado con naturalidad y los acompañantes de la modernidad, su suegra Margarita y su esposo Pablo principalmente, vienen a parecer acartonados, huecos y superficiales.
La obra alude a la historia de México y proporciona datos reales, ubicaciones geográficas, hechos históricos dentro de una rebuscada estructura ficcional, temporal y espacial. Propicia buscar en las memorias de la conquista, los datos de los caciques tlaxcaltecas y su cometido en la guerra de conquista de México e invita a ubicar físicamente lugares como el Café de Tacuba y las calles de la Ciudad de México.
La narrativa entretejida con el hilo del realismo mágico, invita a ser desenredada y sacada del fondo, como un espagueti que se quedó escondido en una olla de la cocina de Garro.
Les invito a poseer este relato que forma parte de la colección con el mismo nombre: La culpa es de los Tlaxcaltecas.


guiomara.alvarado@iberotorreon.edu.mx