Voces Ibero

Creamos la ciudad del miedo

En un reciente número de la revista Magis del Iteso, universidad jesuita en Guadalajara, apareció el siguiente anuncio ficticio:

“Se solicitan ciudadanos amenazados por gente indeseable. Prometemos recluirlos en casas con jardines y accesos de triple restricción: murallas, policías privados y el tránsito insufrible de las avenidas más cercanas. Garantizamos un ambiente exclusivo y una visión borrosa del caos llamado zona metropolitana de Guadalajara” ¿Qué historia de vida se nos narra?

Al igual que Guadalajara, las ciudades como Torreón experimentan el reto de constituirse como metrópolisconfigurando sus espacios de convivencia y habitabilidad. La población crece,los espacios se reducen, los servicios públicos (drenaje, iluminación, pavimentación, transporte, energéticos, entre otros)son más demandados.En consecuencia, esta sociedad en convivencia entra en dinámicas de acuerdos comunes, pero también de enfrentamientos por la calidad y distribución de estos servicios esenciales. La convivencia no es fácil y unasalida cómoda es la apatía de “dejar hacer, dejar pasar”.

Respecto de las casas habitación, las grandes constructoras captan las nuevas necesidades de seguridad y de modo inteligente ofrecen respuestas. Por su parte, las autoridades gubernamentales parecen ser incapaces de enfrentar la situación y abatirdel aumento de fechorías, robos y violencia que se hacen cada vez más recurrentes en laciudad de Torreón.

Así, los ciudadanos terminamos adquiriendo casas habitación encerrados en cotos, resguardados por puertas eléctricas, muros y guardias, habitando grupos residenciales aislados y principalmente protegidos de nosotros mismos. Aparentemente esta es la solución ante la violencia externa, como si viviendo en una esfera aislada nos salvara de cualquier embate social violento del exterior.

Poco hemos reflexionado de este tipo de convivencia, demostramos como humanidad la incapacidad de comunicación y de vivir en comunidad, encerramos el miedo y nos hacemos desconfiados hacia el otro. Dejamos atrás la identidad y nuestro centro histórico para vivir en los suburbios de la ciudad, aunque esto implique mayores desplazamientos, pues vivir en los cotos o cerradas implica necesariamente tener un auto:vamos abandonando los espacios públicos.

Curiosamente hacia adentro de las cerradas se presentan reproducciones de esquemas de la sociedad política y padecemos los juegos de poder, corrupción y falta de organización de nuestros mismos colonos, que ejecutan la administración del mantenimiento de infraestructura y espacios con deshonestidad; el concepto de seguridad vende muy bien y de ahí muchos negocios personales se derivan.

¿Qué valores nos identifican? ¿No somos capaces de enfrentar la calle? Olvidamos que entre más caminemos, más se fortalecen los encuentros cara a cara, el saludo, la sonrisa, la amabilidad y la paz.

Guiomara.alvarado@iberotorreón.edu.mx