Doble mirada

Oaxaca: ¿'emboscaron' a la policía o al gobierno?

Los conflictos sociopolíticos mal procesados suelen tener costos muy elevados para las partes involucradas, pero sobre todo para la sociedad. Todos pierden. El ejemplo más claro es el de los macheteros de San Salvador Atenco, con motivo de su resistencia a la construcción del aeropuerto alterno de la Ciudad de México en 2002. Aparentemente ganaron, pues la obra se canceló, pero perdieron oportunidades de una economía pujante que hubiera mejorado las condiciones de vida no solo de Atenco, sino de toda la zona; el gobierno federal hizo el ridículo y la Ciudad de México y el país entero han tenido que pagar los enormes costos de tener un aeropuerto obsoleto e insuficiente durante más de una década.

Si construir un nuevo aeropuerto era urgente y necesario (interés general), ¿por qué los opositores que no querían perder sus tierras (interés particular) ganaron? La razón fundamental fue un grave error en el manejo de la resistencia de los ejidatarios, ya que el gobierno expropió sus tierras y decidió pagarles un precio inferior al que tendrían una vez construido el aeropuerto. Esa injusticia hizo que la sociedad se pusiera del lado de los campesinos y con ello se legitimó su resistencia; el gobierno no tuvo argumentos para defender el interés general de su proyecto a costa de una injusticia.

Lo anterior viene a cuento con motivo de la oposición de la CNTE a la reforma educativa. Hasta antes del domingo 19, cuando estalló la violencia en Nochixtlán, el gobierno le iba ganando a la CNTE el conflicto, pues el desprestigio de la coordinadora y el evidente interés general que existe detrás de la reforma educativa le daban la legitimidad social y política a las autoridades federales en su decisión de aplicar la reforma en Oaxaca.

La imagen de la CNTE —basada en hechos reales, constatables cada día con mayor evidencia y claridad— como una organización que se apropió de los recursos de la educación en Oaxaca para sus fines personales y políticos, que es violenta y chantajista y que ha perjudicado durante décadas la educación de los niños más pobres del país, la volvieron impresentable e indefendible  (bueno, López Obrador es un experto en ver y crear fantasías), pues esa imagen real está a punto de ser minimizada —no sé si ya ocurrió— debido a los hechos violentos de Nochixtlán.

Si la CNTE gana la batalla de opinión pública y logra convencer a la mayoría de la población de que son víctimas de un Estado represor, el gobierno puede quedar arrinconado como lo estuvo el de Vicente Fox frente a los macheteros de Atenco. De ahí al freno de la reforma educativa hay pocos pasos, lo cual sería una tragedia, peor que la de la cancelación del aeropuerto.

Por eso la importancia de investigar a fondo lo ocurrido en Nochixtlán y deslindar responsabilidades. Pero al gobierno no parece correrle prisa. Es increíble que a diez días del incidente no haya una versión, aunque sea preliminar, de lo ocurrido esa mañana.  Parece emboscado. Como si no supiera lo que está en juego. No se puede dar el lujo de perder esa batalla. Si la Policía Federal se excedió en el uso de la fuerza que despidan y castiguen a los responsables; si quienes dispararon y agredieron a los policías fueron maestros o miembros de organizaciones radicales que se identifiquen y enjuicien. Pero por el bien del mismo gobierno, de la Policía Federal y de la sociedad debe conocerse toda la verdad. El resultado de la negociación gobierno-CNTE dependerá de quién tenga la legitimidad de su parte. Si una injusticia frenó el aeropuerto en 2002, que en esta ocasión la justicia destrabe el conflicto y haga prevalecer la reforma educativa.