Doble mirada

Sí al frente, si…/ II

La pertinencia de un frente amplio de oposición deriva de lo que está en juego en la elección de 2018. México requiere no solo dejar atrás la crisis política (descrédito y desconfianza en la política por gobiernos malos y corruptos), sino revisar y redefinir el proyecto de desarrollo del país para que sea más incluyente. Ello significa restaurar la confianza de los ciudadanos en las instituciones públicas, para lo cual es indispensable combatir con radicalidad la corrupción y tener gobiernos eficaces en la solución de los problemas del país (economía, seguridad, pobreza, desigualdades, educación, etcétera), que además sean transparentes y rindan cuentas a los ciudadanos.

Frente a uno de los peores PRI que hemos conocido que desea perpetuarse (ese partido ha sido mucho más que los Duarte, Borge, Peña, etcétera) o a un proyecto fundado en la personalidad de un líder muy autoritario como lo es AMLO, la idea del frente resulta pertinente y atractiva, siempre y cuando sus impulsores demuestren que su idea no es una coartada para esconder los fines de siempre y de casi todos los políticos: ganar a cualquier precio y gobernar atendiendo más a sus intereses personales y de sus partidos que a los del país y de los mexicanos.

Por eso la seriedad de la propuesta es uno de los temas cruciales del frente, pues de ella depende que los ciudadanos creamos que estamos frente a una alternativa real ante lo no deseable (ni nuevo PRI ni AMLO), pero sobre todo con una propuesta constructiva para el futuro del país. No basta impedir lo malo, hay que construir lo bueno.

¿Cómo saber si van en serio o es una tomadura de pelo de Ricardo Anaya —que lo único que quiere es arrebatarle por las malas a Margarita la candidatura del PAN, según lo afirman los seguidores de Zavala— y de Barrales y Los Chuchos que son unos oportunistas sin escrúpulos, como lo juran sus detractores dentro del PRD y de Morena?  Razones para dudar y desconfiar las hay, pero también para conceder el beneficio de la duda. Algunos de los indicios de que estaríamos ante una propuesta diferente serían los siguientes:

1. La importancia que le dan al debate y diseño de la propuesta de gobierno. ¿Tienen claro para qué quieren gobernar; saben qué, en concreto no en generalidades, van a hacer para resolver la inseguridad y la violencia, alentar un crecimiento económico mayor, combatir la corrupción, etcétera? ¿Podrán definir  prioridades claras consensuadas con el respaldo real de todos los participantes o prevalecerán los temas ideológicos que polarizan y dividen?

2. ¿Alianza a favor de un candidato ya prefigurado o coalición de gobierno? Es una alianza electoral como las muchas que se han dado en elecciones estatales que no cambian nada aparte de las personas y los colores en el gobierno, o plantean formar un gobierno de coalición y precisan lo más posible las reglas bajo las cuales podría operar, los criterios para el reparto de los puestos en el gabinete, etcétera. Ir a detalles de esto sería un indicador de que realmente están ocupados en el tema de cómo gobernar.

3. ¿Quiénes participan en le frente? ¿Caben todos, inclusive el PVEM que ha sido cómplice del PRI en muchas de sus trapacerías? ¿Aplicarán el mismo criterio de AMLO de que no importan antecedentes con tal de que se incorporen al frente? Es un tema complicadísimo, pues ¿quién está limpio y puede tirar la primera piedra?, pero algún tipo de línea se debe establecer para mantener credibilidad.

Las probabilidades de triunfo de ese frente dependerán no solo de que sume la mayor parte de votos de los militantes de los partidos integrantes, sino que convenza e incorpore a ciudadanos y organizaciones sociales sin filiación partidista. Y si hay seriedad en la propuesta y en el método de su construcción podrá haber credibilidad. Sin credibilidad en esa cosa tan etérea pero fundamental, se reducen las probabilidades de triunfo.