Doble mirada

Los músicos y la partitura

De nuevo estamos obsesionados con el tema de quién y cómo llega al poder, pero nos despreocupamos de discutir y cambiar las normas y prácticas que facilitan los buenos gobiernos.

Una de las lecciones de los comicios del 7 de junio pasado fue el apabullante triunfo de varios candidatos independientes, como signo tanto del hartazgo con la partidocracia como de la frustración generada por la alternancia en el poder, que si bien cambia a los partidos, no genera mejores gobiernos. La gran esperanza que han despertado El Bronco en Nuevo León, Enrique Alfaro en Guadalajara y Pedro Kumamoto como diputado local en Jalisco es inversamente proporcional a la confianza en los partidos tradicionales. Por desgracia, no es directamente proporcional a la capacidad real de hacer un buen gobierno.

Cuauhtémoc Blanco habrá sido un futbolista de primera, pero me temo que eso no le ayudará mucho a gobernar bien Cuernavaca. El Bronco no tiene un solo diputado suyo en el congreso local; ¿a cuáles promesas de campaña renunciará para conseguir el apoyo del PRI y al PAN y lograr que éstos lo dejen gobernar? La pregunta por las condiciones y capacidades para que un independiente haga buen gobierno la hemos dejado de lado. Lo que importa es expresar el enojo con los corruptos e ineptos y cambiar de personajes. Nuevos músicos para la orquesta, sin partitura nueva.

Está muy bien, y ¿luego qué? Me temo que en más de algún caso veremos una segunda ola de frustración, ahora con los independientes y más si la oleada crece en 2016 y se convierte en un tsunami en 2018. Entonces por allá de 2019 cuando muy tarde, los partidos que sobrevivan, nos dirán en tono de burla: “se los dije” y retornarán al poder muertos de la risa. Sin duda, quién gobierna es muy relevante; pero lo son más las reglas, los equilibrios, los controles, las buenas prácticas del ejercicio del poder, los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas; las políticas públicas adecuadas; en fin, todo aquello que ayuda a hacer buenos gobiernos.

Y es que de nuevo estamos obsesionados con el tema de quién y cómo llega al poder (y no está mal), pero nos despreocupamos de discutir y cambiar las normas y prácticas que facilitan los buenos gobiernos. Pero no solo a muchos ciudadanos les suele tener sin cuidado los temas sustantivos del buen gobierno. Los gobernantes también caen en la trampa. Miguel Ángel Mancera acaba de anunciar una reestructuración de su gobierno y cambió a nueve miembros del gabinete, pero se le olvidó una pequeña cosa: la materia de gobierno.

No hay un relanzamiento del proyecto de ciudad, ni siquiera la promesa de nuevas políticas públicas que enfrenten mejor los problemas irresueltos (como el de la seguridad y las extorsiones crecientes, o la corrupción cada vez mayor en las delegaciones y muchas dependencias centrales) por los cuales los ciudadanos reprobaron al gobierno capitalino el pasado 7 de junio. Hasta el momento cambio de músicos y de ubicación en la orquesta sin partitura nueva.

Pero en el gobierno federal están peor. En materia partitura (utilizan hojas sueltas de diversas obras sobre la marcha) por lo que la melodía tocada por esa sección de la orquesta no tiene pies ni cabeza. El primer violín no oye el esperpento, el resto de los músicos no sabe tocar por nota y a pesar de dos rechiflas monumentales del público (Ayotzinapa y el túnel) siguen empeñados en desafinar. El director de la orquesta cree que el concierto es maravilloso, que el enojo del público no significa nada, por lo que ni partitura ni músicos nuevos. Dios nos agarre confesados los próximos tres años.