Doble mirada

Los tres miedos posibles en 2018

La elección presidencial de 2018 será rara. Los saldos de los comicios de junio pasado pusieron la semilla de escenarios inéditos, la cual apenas está germinando. Sus rasgos pueden asomarse en 2016 con motivo de las elecciones de gobernador en 12 entidades o, a más tardar, en 2017, cuando la carrera por la sucesión ya sea visible por todos lados.

Recordemos esos saldos. Primero, el triunfo contundente de varios candidatos independientes —El Bronco, Alfonso Martínez, Pedro Kumamoto, entre otros— contra todo pronóstico y con una fuerte oposición. Segundo, el derrumbe del PRD en el Distrito Federal a manos de Morena. Mensaje implícito de esos dos saldos: el desprestigio de los tres partidos que han dominado el panorama político del país desde hace 25 años es enorme y creciente. ¿Cómo puede este hecho modificar la elección de 2018? Incorporando a la contienda a un candidato independiente con probabilidades elevadas de triunfo. No sería fácil, pero ya es uno de los escenarios probables.

En la elección de 2000, lo que estaba en juego era si la ciudadanía quería la alternancia en Los Pinos. Se votó PRI o no PRI, partido que una parte mayoritaria de la sociedad consideró, entonces, como la encarnación de la mala política. Resulta que ahora esa encarnación de lo negativo no es exclusividad del PRI, sino es atribuida a los tres principales partidos, a "la partidocracia". Entonces, el dilema de 2018 puede ser en vez de PRI o no PRI, un independiente contra la partidocracia.

Según la reciente encuesta de GEA-ISA, 15 por ciento de los ciudadanos dice que su primera opción será votar por un candidato independiente. Ese porcentaje sería el voto duro de la antipartidocracia. Por su parte, 43% respaldaría a los candidatos de los partidos, pero como habría tres o cuatro, ese porcentaje se repartiría entre ellos. Además, 36% dice que votaría por quien le parezca el mejor candidato, sin importar que sea independiente o de algún partido. Entonces, para que gane el independiente tiene que ser lo suficientemente atractivo para conseguir por lo menos 20 puntos porcentuales de esos 36, con lo cual ya sumaría 35% de los sufragios, suficiente para triunfar. No fácil, pero tampoco imposible. Simplemente probable.

Un tercer saldo a considerar para los escenarios de 2018 es la fragmentación: ya solo hay dos partidos de alcance nacional, PAN y PRI, que juntos solamente obtuvieron 50% de los votos. La otra mitad se repartió entre los ocho restantes partidos, de los cuales sobrevivieron seis: PRD, Morena, PVEM, PES, Panal y Movimiento Ciudadano. Esta dispersión del voto obligará a formar alianzas. Las posibilidades son muchas, pero quizá el miedo puede ser el factor que determine cuáles sí se formen. Una primera posibilidad es el miedo a AMLO. Si éste capitaliza el descontento, vuelve a crecer en las encuestas y se le unen el PRD y el MC, podría armarse una contienda izquierda-derecha. En este caso la pregunta es si habría un candidato aceptable para que PAN y PRI se alíen contra el adversario común: el populismo de López Obrador.

El fortalecimiento del "viejo" PRI en lo que resta del sexenio (nuevos escándalos de corrupción y un triunfo arrollador en las gubernaturas de 2016) podría revivir el miedo de su permanencia en Los Pinos por muchos años, y ello propiciar una alianza fuerte que imponga como el principal tema de la elección presidencial la expulsión de ese partido de Los Pinos. Reeditar el escenario del año 2000. ¿Habría un candidato que junte a PAN y PRD para ese fin?