Doble mirada

De homicidios y prioridades de gobierno

Preocupante, que se haya revertido la tendencia decreciente en materia de homicidios iniciada en 2011. Algo malo debe estar pasando.

Desde hace varios meses la atención ha estado puesta en las elecciones. El interés se concentró en quién llegaba a las gubernaturas y cómo cambiaba la integración de la Cámara de Diputados, mientras que los asuntos del gobierno cotidiano pasaron a segundo término. Los analistas reprodujimos la historia de las reformas político-electorales de los últimos 35 años: gran preocupación por quién y cómo llega al poder, y poca atención a cómo se ejerce el poder, cómo se gobierna.

Ahora es urgente que analistas y funcionarios regresemos a las cuestiones relevantes, las que preocupan a la población. Una de ellas es la seguridad. Hace menos de una semana, el secretario Osorio Chong declaró: “Creo que la disminución no solamente en el número de fallecimientos que tienen que ver mucho con la violencia, sino en la tranquilidad que se ha venido logrando en todas estas regiones”. Y pedía “leer a profundidad” los resultados porque reflejaban un “gran avance”.

Creo que sus asesores en la materia debieran ser los primeros en hacerle caso a su jefe y revisar a profundidad las estadísticas de homicidios del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que ellos publican, para que actualicen al secretario. Resulta que éstos vienen creciendo sistemáticamente desde agosto pasado. Hace nueve meses que los asesinatos dolosos aumentan mes con mes. En agosto de 2014 hubo mil 240; en diciembre, mil 264; en febrero de este año, mil 272; en abril mil 315, y en mayo mil 384. De esa manera, entre agosto pasado y mayo, se registró un crecimiento de 12 por ciento.

Si se comparan los datos del trimestre marzo-mayo de 2015 contra los tres meses anteriores (diciembre, enero y febrero), los homicidios crecen en 24 de las 32 entidades federativas. Destacan estados que ya eran violentos y que registran tasas de crecimiento superiores a 20 por ciento: Morelos, Guerrero, Tamaulipas, Durango, Veracruz. Pero también en estados que han sido más pacíficos, como las dos Baja Californias, Nayarit, Querétaro, Colima, Tlaxcala, Yucatán y Campeche, las tasas de incrementos son muy elevadas.

Es preocupante que se haya revertido la tendencia decreciente en materia de homicidios iniciada en mayo de 2011. De agosto del año pasado a enero se estabilizó y a partir de febrero comenzaron a crecer los números de manera sistemática. Algo malo debe  estar pasando, incluso en estados que no eran problema. Y preocupa más porque el tema no parece estar en las prioridades del gobierno. ¿Cómo es posible que no hayan informado al secretario Osorio Chong de ese cambio tan evidente en la tendencia de los homicidios?

Además de esa desinformación, también es alarmante el limbo en el que se encuentra la política de fortalecimiento de las instituciones de seguridad de los estados. El presidente Peña envió en noviembre pasado —como parte del decálogo para impulsar el estado de derecho— una iniciativa para crear las policías estatales y desaparecer las municipales, junto con cambios constitucionales que le quitaban a los municipios funciones y responsabilidades en materia de seguridad pública. Era una pésima iniciativa que afortunadamente no fue aprobada.

Transcurrió todo el periodo legislativo sin debate público alguno; han pasado dos meses más y el tema no ha merecido ningún pronunciamiento de ningún funcionario gubernamental. ¿No era prioridad ese decálogo después de Ayotzinapa? ¿Tienen otra propuesta en materia de policías locales o creen que las cosas se arreglan solas y por arte de magia?