Doble mirada

Al filo de la navaja

El Pacto por México tuvo el mérito de condensar y darle viabilidad a las expectativas de cambio construidas y deseadas por lo menos durante 15 años. La lógica de los cambios ocurridos en ese periodo era mediante acuerdos en un tema determinado y caso por caso. Ejemplos de esa lógica fueron la reforma de la transparencia e información en el sexenio de Fox, o la de las pensiones del ISSSTE en el de Calderón. Todo a cuentagotas. Aunque deseable, se argumentaba que no había condiciones para diseñar e impulsar una agenda multitemática y multipartidista de largo alcance.

El mérito de quienes idearon el Pacto por México fue haber detectado la existencia de condiciones propicias para definir esa agenda común (que ya estaba en todas las plataformas partidistas aunque con formulaciones y jerarquía diferentes y que la sociedad demandaba en todos los foros que podía) y haber encontrado las razones por las cuales pactar era bueno, es decir, significaba participar en un ejercicio político en el que todos ganaban de manera razonable. Solo los obtusos no se alegraron por las posibilidades que ofrecía ese mecanismo inédito en la vida política del país.

Ahora se sabe, pero en diciembre pasado no era claro que la firma del Pacto no significaba que las reformas estuvieran definidas de antemano. Una cosa era el listado de compromisos y otra el alcance de cada una de las reformas que estaban anunciadas. Había que negociarlas y darles contenido a cada una.

Las reformas educativas y de telecomunicaciones al definirse y aprobarse en un periodo relativamente corto de tiempo demostraron que el mecanismo era eficaz, lo que incrementó el beneficio de participar en él y, al mismo tiempo, elevó el costo de abandonarlo. Por eso el PAN pudo condicionar la reforma energética a la aprobación de la electoral, pues el gobierno pagaría un precio muy elevado en caso de negarse. Hasta fines de abril, cuando terminó el periodo ordinario de sesiones del Congreso y todo era avances, la perspectiva promisoria del Pacto creció.

A partir de entonces, comenzó la mala administración de los tiempos. Desaprovecharon el lapso entre mayo y agosto y concentraron el resto de la agenda en el periodo de sesiones septiembre-diciembre. La congestión de procesos de negociación (política-electoral; hacendaria, energética, secundarias de educación y telecomunicaciones, financiera) y el incremento de grupos opositores a las reformas (CNTE, Morena,
PRD en materia energética; empresarios en la fiscal) se convirtieron en un verdadero cuello de botella.

Comenzó así el proceso de degradación de los acuerdos, pues en apenas dos meses y medio la imagen positiva y optimista del Pacto se deterioró significativamente. Además de las deficiencias conceptuales de las leyes secundarias de educación, los acuerdos establecidos entre la Secretaría de Gobernación y la CNTE han puesto, en el mejor de los escenarios, bajo sospecha la viabilidad de la reforma educativa; en el peor de los casos, ya la condenaron a ser inaplicable en los estados donde esa organización mantiene el poder sindical. Las expectativas de una reforma hacendaria que permitiera superar los graves problemas en esa materia (recaudación baja, dependencia del petróleo, niveles elevados de evasión, base cautiva reducida, federalismo fiscal inoperante; gasto ineficaz e ineficiente, rendición de cuentas deficiente) se frustraron ante el resultado: miscelánea fiscal incompleta, gasto creciente sin soporte de financiamiento sano ni mecanismos eficaces de control y transparencia.

Así, hasta el momento, el Pacto —el gran mecanismo que relanzaría al país a la senda de los cambios estructurales de fondo— está en el filo de la navaja. El gobierno sabe que, ante el derrumbe de las expectativas y las dificultades de instrumentación de lo ya aprobado, si se atora la reforma electoral y/o se frustra o pospone la energética, el costo caerá casi en su totalidad a su cuenta. Treinta y dos días cruciales. Sus operadores dentro del Pacto y en el Congreso no pueden permitirse ningún error. Tienen que ser reformas de gran calado y sin titubeos, de lo contrario todo se complicará y mucho.