Doble mirada

No entiende que no entiende. ¿Quién?

Si el gobierno quiere desmentir a la revista inglesa, en el próximo periodo de sesiones del Congreso debiera apoyar sin regateos la iniciativa para crear el sistema anticorrupción y las medidas de transparencia.

Pese al desánimo producido por la obcecación gubernamental de no quererse dar por enterado del reclamo social contra la corrupción (qué frase más dura la de The Economist: el Presidente “no entiende que no entiende”, pero refleja muy bien la percepción y exasperación de muchos mexicanos), hay saldos positivos en los escándalos por los probables conflictos de interés con motivo de las tres casas (hasta ahora).

El primero es que el tema está perfectamente colocado en una coyuntura favorable. No es la primera vez que casos de probable o comprobada corrupción de los políticos salen a la luz pública. Por la razón que usted quiera (la coincidencia con Ayotzinapa y la colusión de autoridades con el narco; por los personajes involucrados o por la existencia de las redes sociales que ampliaron la difusión, sin límite ni control, de los hechos), en esta ocasión la indignación ha ido más allá.

Ésta se ha traducido en varias demandas (las más difundidas son dos: el sistema anticorrupción y la obligación de todos los que deseen dedicarse a la política de hacer públicas sus declaraciones patrimoniales, fiscales y de intereses) que, además de que no se van a olvidar, han puesto en el centro de la agenda eliminar una práctica central del sistema político mexicano: la que ha permitido utilizar recursos, funciones y poder para fines y beneficios privados. Así como desde la mitad de los 80, la democratización se volvió La demanda, con mayúsculas, estoy convencido que el fin de la corrupción y la transparencia será el mantra de los próximos años.

Además, por ser año de comicios, el tema estará presente en las campañas. Es un asunto atractivo que si es presentado con imaginación y seriedad, sin demagogia, tendrá rentabilidad electoral. Si el gobierno quiere desmentir a la revista inglesa, en el próximo periodo de sesiones del Congreso debiera apoyar sin regateos la iniciativa para crear el sistema anticorrupción y las medidas de transparencia (la triple declaración). No hacerlo equivaldrá a regalarle a la oposición un penal en el último minuto del partido. ¿O seguirán sin entender que no entienden?

El segundo saldo positivo es que al rechazarlo el gobierno, le pasó la pelota a la sociedad. Coyunturalmente la oposición, en especial el PAN, aprovechará los comicios y el periodo legislativo para impulsar las reformas legales en la materia. Sería de una miopía increíble no hacerlo. No quieren que les digan que tampoco entienden que no entienden. Pero, si los ciudadanos nos declaramos satisfechos con los cambios legales que se avecinan, pecaremos de ingenuos y tampoco habremos entendido mucho de cómo se la juegan los políticos, verdaderos especialistas en gatopardismo, en cambiar para que todo siga igual.

Dicho de otra forma, la lucha por un sistema político que no privatice la función ni los recursos públicos y rinda cuentas —y en esa medida, sea cada vez más eficaz y eficiente— apenas comienza. Ya sabemos de la reticencia de la mayoría de los políticos a administrarse kriptonita. Afortunadamente algunas de las organizaciones de la sociedad comienzan a hacer propuestas viables, a impulsarlas de manera inteligente y a exigir respuestas concretas. Ya están Transparencia Mexicana, Mexicanos Primero y el Consejo Coordinador Empresarial, entre otras. Si no presiona más y fuerte, la sociedad tampoco entenderá que no entiende.