Doble mirada

La encuesta del desánimo /I

No deja de ser una paradoja que en el año en que se aprobaron las reformas estructurales la calificación social del trabajo legislativo y de la democracia esté desplomada.

La última encuesta de GEA-ISA confirmó lo que desde hace tiempo se ha perfilado: una creciente distancia entre sociedad y política, expresada en un fuerte rechazo a las instituciones relacionadas con el mundo político. Aunque la expresión más noticiosa es, evidentemente, la severa caída de la aprobación de la gestión del presidente Peña, que se situó en 37%, contra una desaprobación de 52% (el próximo miércoles analizaré este dato y la evaluación del actual gobierno) ahora me concentraré en las opiniones sobre las otras instituciones políticas, las cuales son aún más graves.

Comencemos con la democracia. Casi dos terceras partes (62%) dice estar insatisfecho con ella, mientras solo 28% asegura que ésta funciona adecuadamente. En septiembre de 2012, los datos eran: 44% satisfechos contra 51% insatisfechos. Es decir, en menos de dos años la satisfacción se redujo 16 puntos. El trabajo de los legisladores federales es desaprobado por 57% de los ciudadanos y aprobado por 23%. Hace un año, en marzo de 2013, casi la mitad (48%) lo aprobaba mientras que 38% lo reprobaba.

No deja de ser una paradoja que en el año en que se aprobaron las reformas estructurales —educativa, laboral, energética, de telecomunicaciones, de competencia económica, político-electoral, financiera— producto de un pacto entre el gobierno y los tres principales partidos políticos, lo cual es signo inequívoco de una vida democrática fuerte y madura, la calificación social del trabajo legislativo y de la democracia esté desplomada.

En cuanto a los partidos políticos, las opiniones de la ciudadanía aún son más negativas. A la pregunta, ¿qué tanto cree usted que los partidos políticos existentes en México representan realmente los intereses de la sociedad? las respuestas en mayo de 2012 eran las siguientes: nada 10% y mucho, 27%. Dos años después, quienes aseguran que los partidos no representan nada nuestros intereses se cuadruplicaron, 41%; mientras quienes afirman que mucho cayeron a 13%, la mitad.

A las preguntas específicas sobre la opinión positiva o negativa de cada uno de los partidos, en septiembre de 2013, el PAN tenía un balance (las positivas menos las negativas) de 3 puntos positivos; el PRI de 17 puntos positivos y el PRD tenía uno negativo de menos 15 puntos. En marzo de este año, las cosas empeoraron seriamente, pues el PRD cayó a menos 33, el PAN a menos 25 y el PRI a menos 14. Los tres principales partidos en caída libre.

Para completar el cuadro, la sociedad, pese a tener una percepción negativa de la democracia, los legisladores, los partidos y también de la situación económica y política del país (51 y 53% respectivamente), no parece estar muy dispuesta a hacer algo al respecto. A la pregunta: ¿usted en lo personal, frente a la situación actual del país, estaría dispuesto a…? Firmar desplegados: 36% sí contra 40% en junio de 2013; participar en marchas: 21% si, contra 30% hace nueve meses. A la pregunta: si cree que quienes participan en marchas consiguen lo que se proponen, 45% opinaba que no en junio de 2013, contra 57% que piensan que no en marzo de este año.

Termino con una cita de Norbert Lechner, sociólogo alemán, de su libro Las sombras del mañana. La dimensión subjetiva de la política: “Me pregunto si el sistema político dispone de antenas capaces de ver y escuchar más allá de las reivindicaciones ruidosas, los murmullos y silencios de la calle. Que la política se ha vuelto un sistema autorreferido no es novedad… Aunque los políticos estén bien informados de los problemas concretos de la gente, no logran traducirlos al debate público… A diario se aprecia el deterioro del animus societatis en los distintos ámbitos. A este individualismo negativo parece subyacer un fenómeno apenas entrevisto: la erosión de los imaginarios colectivos mediante los cuales una sociedad se reconoce a sí misma en tanto colectividad… Una sociedad que no se interroga acerca de sí misma, que no conversa del sentido que pueda tener la convivencia actual y futura, sustrae a la política su razón de ser. Mejor dicho, renuncia a la política como el esfuerzo colectivo de construir una comunidad de ciudadanos y se contenta con la gestión de los negocios de cada día”.