Doble mirada

2015, ¿el desencuentro segunda parte?

El Congreso puede retomar para su periodo de sesiones, que inicia en febrero, la agenda de seguridad y contra la corrupción. Ya veremos si el PRI respalda ésta última.

Una lección aprendida de 2014 es que la crisis política se debe, en buena medida, al desencuentro entre el gobierno de Peña Nieto y la realidad. Menospreciaron la gravedad de las causas de la inseguridad y sucedió Iguala; no supieron cómo tratar al movimiento social (lo achacaron a una conspiración de intereses afectados por las reformas), ni atender oportunamente a los padres de los normalistas y toleraron a quien no debían (a los vándalos y violentos). El resultado, un gobierno desacreditado y lejano de los ciudadanos y una sociedad movilizada y enojada.

Además, gobierno y clase política han ignorado hasta la fecha, para efectos prácticos, el reclamo contra la corrupción (parecen ser los únicos que no saben que el rey va desnudo) y no mandan ninguna señal de haberse enterado de la pérdida de credibilidad del conjunto de las instituciones políticas —especialmente los partidos— y que, por tanto, la democracia está en riesgo. Resultado: desencuentro del ciudadano y las instituciones que sostienen la democracia y la gobernabilidad.

Con una herencia de esa naturaleza, 2015 se antoja un año complicado, sobre todo porque habrá elecciones intermedias para renovar la Cámara de Diputados, congresos locales y ayuntamientos en 17 entidades, de las cuales en nueve también se elegirá gobernador.  Los procesos electorales de junio enfrentan dos retos. El primero es el abstencionismo. ¿Las elecciones serán motivo de un reencuentro de la ciudadanía con la democracia como método para expresar demandas, exigir cambios y renovar instituciones, o profundizarán la distancia entre ambos?

Mi pronóstico es que, si no hay un cambio relevante en las campañas o en su actuación en torno a la corrupción, con los datos actuales de las percepciones sociales sobre los partidos y el gobierno, todo apunta a un abstencionismo elevado. No parece haber datos de un castigo electoral al PRI, pues los partidos de oposición se encuentran en una situación desastrosa. Por tanto, la mayoría de los electores no acudirá a las urnas.

El segundo reto se refiere, en principio, a Guerrero. Los maestros (por llamarlos de alguna manera) disidentes, con el aval y el apoyo de los padres de Ayotzinapa, ya anunciaron su voluntad de reventar las elecciones. Evidentemente que el INE no cederá a su petición, lo que conducirá —si no se desactiva a tiempo el conflicto con una estrategia inteligente— a que intentarán boicotearlo desde sus preparativos hasta el mismo día de la jornada electoral.

No tienen la capacidad de hacerlo en toda la entidad, pero sí en varios municipios suficientes para crear una situación crítica de ingobernabilidad y exhibir la incapacidad de las instituciones estatales de garantizar el derecho del voto y la renovación de los poderes locales, lo cual crearía un vacío político y constitucional muy serio. Escenario factible y grave. Y más si ante la incapacidad gubernamental en Guerrero, los maestros (otra vez, perdón por falsear la realidad) de Oaxaca y Michoacán se suman a la idea y también deciden poner en jaque las elecciones en sus entidades.

Pero antes de que eso ocurra, los poderes Legislativo y Ejecutivo aún tienen cartas para jugar. El gobierno podría relanzarse mediante cambios en el gabinete y redefinición de políticas y prioridades. Sin embargo, el mediocre y casi vacío mensaje presidencial de año nuevo no permite ser optimistas al respecto. Para ellos aquí no pasa nada; basta con que las reformas se traduzcan en beneficios concretos (como televisiones gratis y unos cuantos pesos de ahorro en el recibo de la luz) para que México siga moviéndose.

El Congreso puede retomar para su periodo de sesiones, que inicia en febrero, la agenda de seguridad y contra la corrupción. Ya veremos si el PRI respalda esta última. Si bien un cambio legal no basta para demostrar la voluntad de cambio y menos para modificar la realidad, al menos les daría a los partidos una bandera y un poquito de credibilidad para sus campañas. Me temo que será muy poco y tarde. Sin credibilidad en la democracia, el partido del Irapuato contra el Tepic será más atractivo que ir a las casillas electorales. Sociedad y política seguirán caminos divergentes. Ojalá y me equivoque.