Doble mirada

¿Qué se descarrilará: el petróleo o el sistema político?

La ruta de las últimas tres reformas consideradas en el Pacto por México (fiscal, política-electoral y energética) estaba fijada por un plazo legal (la ley de ingresos debía estar aprobada por ambas cámaras a fines de octubre, lo que significaba que la reforma hacendaria se aprobaría como parte de esa ley) y por una exigencia política: el PAN condicionó su respaldo a la energética a la aprobación previa de la reforma electoral.

Por esas razones, el calendario de los 120 días que “cambiarían a México” estaba más o menos claro: Cámara de Diputados procesaba y aprobaba la reforma fiscal entre el 1 y el 20 de octubre, mientras que en ese mismo periodo, el Senado hacía lo propio con la reforma política-electoral. En los últimos diez días de octubre se invierten las iniciativas: la fiscal (ley de ingresos) pasaba al Senado y la política-electoral a la de Diputados.

Aprobadas a fines de octubre ambas reformas, en los primeros días de noviembre en el Senado se dictaminaría en comisiones la reforma energética en su componente constitucional, para ser aprobada por los senadores panistas y priistas hacia mediados de ese mes; mientras en la primera quincena de noviembre los diputados discuten y aprueban el presupuesto de egresos para 2014 (cuyo plazo legal vence el 15 de noviembre). Así, en la segunda quincena de noviembre, los diputados rematarían su trabajo aprobando la reforma energética. Quedarían los últimos días del periodo ordinario (a clausurarse el 15 de diciembre) para las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones.

Todo iba muy bien hasta que en el Senado las cosas comenzaron a atorarse. No se ha podido aprobar nada en materia política y electoral. No hay acuerdo entre los partidos sobre los cambios al sistema electoral (crear el Instituto Nacional Electoral y desparecer a los organismos electorales estatales) ni sobre las modificaciones al régimen político (segunda vuelta electoral, gobiernos de coalición, etcétera).

Como se desprende del calendario descrito anteriormente, si la aprobación de la reforma política se retrasa un par de semanas más, no habrá mucho tiempo disponible para la energética. Y como el PAN no se quedará sin la suya, ni Peña Nieto puede renunciar a la segunda, el dilema se resolverá forzando los tiempos y acelerando la discusión del tema político electoral. El problema es que son temas muy delicados y si de por sí los legisladores son expertos en producir leyes kafkianas (basta ver como quedó la reforma hacendaria), sometidos a la presión del tiempo, lo más seguro es que en vez del caballo que necesita el país, los legisladores nos entreguen un camello de dos jorobas, eso sí asegurándonos que es un pura sangre.

Los cambios del régimen político que se están discutiendo, propuestos por el PAN y el PRD, tienen la intención básica de que México transite de un sistema presidencial (el presidente como eje del poder político) a un régimen parlamentario (el Congreso como poder central, que garantiza la gobernabilidad mediante la formación de gobiernos de coalición). Esto como una solución a la existencia, durante los últimos 15 años de gobiernos divididos, sin mayoría en el Congreso que pueden ser un obstáculo para el impulso de reformas y para la gobernabilidad. La otra manera de favorecer la gobernabilidad consiste en reforzar al presidencialismo, propiciando que el partido que gane la Presidencia también tenga la mayoría del Poder Legislativo (por ejemplo, mediante la segunda vuelta de la elección del Presidente, pero haciéndola coincidir con la elección de diputados y senadores).

Sea cual fuere la mejor opción, hacer un cambio de régimen político (avanzar a uno semiparlamentario) o mejorar el actual, es una tarea de ingeniería política y constitucional que difícilmente puede ser resuelta en dos semanas. Por tanto, podemos anticipar que en los próximos días los legisladores harán, con la complicidad del gobierno, una reforma política incompleta, muy probablemente incongruente (pedazos de parlamentarismo y retazos de presidencialismo). Un camello pues. Pero si ni en eso se ponen de acuerdo, entonces se puede descarrilar la reforma energética. ¿Habrá manera de hacer las cosas mejor y con más tiempo?