Doble mirada

¿Cómo se construye un país desde el gobierno?

Gobernar significa, entre otras cosas, perfeccionar, dar continuidad, corregir y crear instituciones y políticas, a partir de herencias que son producto de gobiernos de los tres colores.

Los políticos y sus partidos están diseñados para llegar al poder y, una vez que lo tienen, para conservarlo. Ese es el código que tienen inoculado y la mayoría de los cálculos que hacen para tomar decisiones tiene que ver con ese criterio básico: deciden en función de qué tanto una política, un gasto, una ley, un discurso les ayuda o no a ganar elecciones y a retener el poder. Así es aquí y en cualquier parte del mundo.

Eso explica que los informes presidenciales tiendan a exagerar la idea de que el partido en el poder y el mandatario en turno son quienes realmente saben gobernar y que lo hacen mucho mejor que los de otros partidos y que todos sus antecesores. Una tesis derivada de ese planteamiento es que el país prácticamente nace con el actual gobierno o inaugura una época. Es la necesidad de marcar diferencias entre partidos para que cuando el ciudadano esté en la casilla electoral identifique el logo de un partido como el mejor.

Sin embargo, gobernar es distinto. Las capacidades reales de un gobierno para realizar sus programas son producto de un trabajo y un esfuerzo continuado no solo de la administración anterior, sino de muchas otras que, durante décadas, han construido las instituciones con las cuales se llevan a cabo las tareas de gobierno. Se gobierna con una herencia enorme de aciertos y errores, de logros y omisiones, de instituciones eficaces e ineficaces, de programas inacabados, de proyectos en marcha y de políticas buenas y malas.

La búsqueda de la diferenciación es sana, pues es un incentivo a tratar de hacer cosas mejores, pero la línea que separa lo que un gobernante crea y aporta sobre la base de lo heredado y la tentación de creerse el creador del país suele ser delgada. El riesgo de la desmesura y la soberbia son reales y, a la larga, contraproducentes. Dos ejemplos de lo anterior son los anuncios hechos durante el segundo Informe de gobierno: la construcción del aeropuerto y la transformación de Oportunidades en Prospera.

Qué bueno lo del nuevo aeropuerto, urge hacerlo desde hace más de una década. El proyecto presentado es admirable y ambicioso. Como se señaló, se construirá en terrenos federales para impedir el conflicto con los ejidatarios que no desean vender sus tierras. Sin embargo, para cambiar el uso del suelo de esos terrenos que actualmente son de uso ambiental, la ley en la materia establece que es necesario reponer alrededor de 2 mil 500 hectáreas y dedicarlas a parques, áreas verdes y lacustres para garantizar el equilibrio ecológico de la región. Es decir que para poder hacer el aeropuerto hay que realizar, de manera paralela, un proyecto ecológico de gran dimensión.

La tarea de adquirir, no mediante expropiación, sino a precios comerciales esos cientos de hectáreas que se dedicarán al proyecto ambiental, condición necesaria para cambiar el uso del suelo de los terrenos federales, fue una laboriosa tarea que llevó varios años, pues era un proceso jurídicamente complicado por tratarse de tierras ejidales y costoso. Por tanto, la construcción del aeropuerto no sería posible si el gobierno anterior no hubiera hecho su tarea. Se trata pues de dar el siguiente paso, no de partir de cero.

El otro caso es la transformación de Oportunidades en Prospera. Se trata de la adecuación del principal programa de política social del Estado mexicano —reconocido internacionalmente como una política eficaz, no perfecta— a las circunstancias actuales. Ese programa fue creado durante la administración priista de Ernesto Zedillo, fue perfeccionado durante los dos sexenios panistas y ahora requiere ser actualizado; qué bueno que se haga, pero si no hubiera operado durante 17 años, no se tendrían jóvenes a los cuales ahora se les pueda ofrecer becas para la universidad. Continuidad de una política de Estado, no la reinvención de “La” política social.

Gobernar significa, entre otras cosas, perfeccionar, dar continuidad, corregir y crear instituciones y políticas a partir de herencias que son producto de gobiernos de los tres colores (el PRD no ha estado en Los Pinos, pero gobierna importantes entidades, como el DF). Tarea colectiva e histórica. Ningún gobierno solo es el parteaguas de la historia. Las cosas en su justa dimensión.